Mega huracanes, terremotos, volcanes en erupción, incendios,  maremotos, tsunamis, subidas de temperaturas, ausencia de lluvias, inundaciones por desbordamientos y temporales que en media hora colapsan cualquier canalización que el ser humano ha construido para controlar la naturaleza. Este es el panorama natural que comienza a imponerse en la “zona tranquila” de nuestro planeta, y ser apocalíptico se ha convertido en una obligación responsable.

Dentro de muy poco ya no va a importar quién o qué sea el culpable de un cambio climático que pondrá a prueba la supervivencia de nuestra especie, especie ultra reproducida que en los últimos tiempos se ha convertido en el auténtico virus que infecta el mundo con su insalubre forma de subsistencia.

Lo peor es que los líderes de las principales “colonias” humanas siguen dudando de las consecuencias de sus actos, y ello a pesar de que el agua ya les llega a los tobillos. Estas dudas obedecen sin duda a una inconmensurable irresponsabilidad sumada a unos intereses económicos que logran difuminar el futuro catastrófico que a ciencia cierta se producirá a una o dos generaciones vista.

Apenas oteamos en el horizonte el nubarrón que se nos viene encima inexorablemente, mientras llega, nuestra todopoderosa razón solo alcanza a imaginar vía celuloide un apocalipsis del que ningún Bruce Willis nos librará.

PABLO CAMBRONERO

Licenciado en Derecho que trabaja en el ámbito policial. Mi afición desde los siete años es escribir sobre cualquier tema que me ronde. Colaborador de Expreso del Sur.