Peret canturreaba «y no estaba muerto, estaba tomando cañas». Así ha estado desde hace años el Partido Andalucista (PA), tomando cañas hasta que tras tres legislaturas sin representación en el Parlamento llegó la hora de la defunción y se acabó la parranda.descanse-en-paz_001

La realidad es que el PA llevaba tiempo hospitalizado con respiración asistida mientras algunos de los dirigentes seguían la fiesta en el bar del hospital, pero el final llegó y la lenta agonía acabó. Más vale tarde que nunca, dirán algunos. Ahora el espacio del andalucismo tiene que ser ocupado por sangre nueva y capaz. El andalucismo tiene que renovarse totalmente y sobre todo acercarse al andaluz olvidándose de cargos, poderes y siglas.

El entierro se ha oficiado hace unos días en Torremolinos con la presencia de la Dirección del Partido Andalucista, en un congreso marcado por la tristeza y las caras largas donde algún histórico-histriónico aseguró que el andalucismo no se rinde.

Pero, ¿cuál andalucismo no se rinde? ¿El de Alejandro Rojas Marcos, siempre tirando a su derecha, el de Pedro Pacheco buscando su centro o el de Antonio Ortega más a la izquierda pero no a la suya? ¿O el de Julián Álvarez, de 5 diputados a ninguno después del «no» pero «sí» de Arenas al Estatuto de Andalucía de 2007 donde el PA se quedó más solo que la una? ¿El de Pilar González y Antonio Jesús Ruiz, los menos culpables pero a su vez los más patéticos desesperados?.

Esperemos nuevos y mejores tiempos para el andalucismo, libre de chanchullos, cambios de chaqueta y apegos al poder, donde de una vez por todas sea lo que dice nuestro himno escrito por Blas Infante, «Sea por Andalucía libre, España y la Humanidad» y no para el interés de unos pocos amparándose en unas siglas por muy históricas que sean. Descanse en Paz.