Parece que en los últimos tiempos los árboles han decidido inmolarse dejando caer sus pesadas ramas o incluso morir desplomados aplastando a todo lo que se halle bajo su sombra.

Si uno piensa más de la cuenta, cosa que solo sucede en vacaciones, puede llegar a pensar que los árboles, como uno de los mejores  instrumentos que tiene la madre naturaleza para mantener el equilibrio de la vida, han decidido ayudar al ser humano en su tenaz estrategia de acabar con el ecosistema desapareciendo.

Contrariamente a lo que dictaría el sentido común, las instituciones responsables de que estos tesoros se conserven han tomado la decisión de “relajar” el mantenimiento de la masa forestal urbana y cuando la naturaleza haga caer alguna de sus ramas tener la excusa para eliminar a ese “cruel villano natural” impunemente.

En Sevilla, ciudad ejemplo de desidia consistorial, van varias decenas de sucesos relacionados con caídas de ramas o árboles sin que se hayan tomado medidas para erradicarlos. Evidentemente un árbol no es una estatua que puede oxidarse sin que a nadie le duela, un árbol es un ser vivo con unas fases de crecimiento que en su hábitat natural puede perder ramas y desarrollarse con libertad a pesar de ello. La ciudad, por contra, es una colmena humana a la que han sido invitados estos magníficos seres con condiciones muy estrictas que ni firmaron ni pueden cumplir, y es por ello que mostrarse como son sin los tratamientos acondicionadores a un mundo extraño les causa los problemas que hoy sufren.

Al lado de mi vivienda se erigían 10 árboles majestuosos que además del sonido de los pájaros y la gran sombra que daban, inundaban de aire puro todas las viviendas que convivían con ellos. Hoy son cuatro grandes troncos los que los recuerdan. Ni la acera ni nuestras viviendas olvidan su ausencia no sustituida por otros árboles, en mi opinión una tremenda irresponsabilidad.

La responsabilidad de crear espacios verdes que mantengan un nexo de unión saludable con las ciudades y pueblos debe ejercerse por las instituciones sin excusas, porque son precisamente esos espacios verdes los que dan vida y un respiro de aire fresco a una población sobre saturada de asfalto, polución e irresponsabilidad.

Las caídas de ramas pueden ser previstas y sobre todo prevenidas por las instituciones. A cada tala, tres plantaciones.

PABLO CAMBRONERO

Licenciado en Derecho que trabaja en el ámbito policial. Mi afición desde los siete años es escribir sobre cualquier tema que me ronde. Colaborador de Expreso del Sur.