En las primeras centurias de nuestra era, la ciudad romana de Itálica era una de las principales urbes de todo el Imperio, llegando a ser la que más senadores aportaba a Roma. Sin embargo, los siglos de esplendor dieron pie a un periodo de declive y decadencia, que los arqueólogos siguen investigando.

Mosaicos de Italica

Hay que remontarse hasta el siglo II antes de Cristo, cuando las tropas romanas  que atraviesan el sur de la península ibérica comandadas por el  general Publio Corneo Escipión instalan su campamento militar a medio camino entre Ilipla e Hispalis. Pero lo que comenzó como un asentamiento temporal  en breve tiempo paso a ser una ciudad en el concepto de centro de reunión social, y administrativo con su foro, su comercio una de las ciudades más importante de la península iberica.

En la segunda mitad del siglo I a.C. la ciudad adquiere el estatuto municipal y, pasado el tiempo, durante el gobierno del emperador Adriano (117-138 d.C.), el de colonia, con lo que se equipara administrativamente a la metrópoli. De hecho, llegó a ser la «civitas» de todo el Imperio que más senadores aportaba a Roma.

Vista del conjunto arqueológico de Itálica en la provincia de Sevilla

La Itálica que hoy conocemos, la que ha quedado en pie tras el olvido y los expolios es la que vería el poder de los césares itálicos. Fue bajo el mandato de Adriano cuando se amplió la ciudad con murallas, vistosas domus con jardines primorosamente decorados con mosaicos. A esta época se debe también la completa red de alcantarillado, la mayoría de sus edificios públicos y el anfiteatro.

 

El ocaso de Itálica

Eran los años de gloria y esplendor, hasta que con la dinastía de los Antonino comienza el declive de esta esplendorosa ciudad romana. Ya entrado el siglo III d.C. buena parte de la zona residencial construida en época adrianea es víctima de la acción conjunta de la inestabilidad del terreno y de la falta de mantenimiento de los edificios.

Los siguientes capítulos de esta historia están plagados de robos, expolios, destrozos y abandono. Según el Plan Director elaborado por la Junta de Andalucía «desde grandes piedras que forman la base de la Giralda, construida en el s. XII por los almohades, hasta mosaicos extraídos hace apenas unas décadas que hoy decoran grandes casas sevillanas, como el Palacio de la Condesa de Lebrija. Y es que, aunque 1810 ya se declaró la protección del yacimiento, no fue hasta 2001 cuando se llevó a cabo su protección definitiva».

Tal vez, apunta el profesor Beltrán, los causantes últimos de la desaparición de Itálica fueron los andalusíes, que centraron su gestión, administración y vida cotidiana en Ysbilia, junto al río. Y así, como el que deja a la intemperie una vieja silla de madera, el lugar que vio nacer a dos emperadores, dejó de ser, casi dejó de existir.

EXPRESO DEL SUR

Viajas en un tren hecho con cachitos de Andalucía