Una antigua canción de Los Enemigos hablaba de un agujero, uno especial que teletransportaba a un mundo mejor, una puerta hacia la esperanza. En la instantánea de Visto y Revisto de esta semana, aparece un hombre mayor mirando a través de un agujero en la malla de una obra.

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Cuando vi al hombre mirando por aquel agujero me apresuré y realicé la foto, mi sorpresa fue cuando al ponerme delante de él ni se inmutó, tiré tres fotos y nada, y justo cuando me disponía a hablarle, se dirigió a mí. “Niño ¿que están haciendo?”. Rápidamente, respondí: “Están poniendo una estatua de bronce”.

Con gesto de aprobación se mantuvo en silencio. “Le he hecho un par de fotos mientras miraba, ¿no le importa verdad?”. “Niño yo no me di cuenta, es que no veo muy bien, sólo veo los bultos”, me dijo con total sinceridad. “Me gusta mucho la foto, ¿puedo utilizarla y publicarla?”. “Tú haz lo que quieras,  a mí no me importa”, respondió. “Pues, muchas gracias no sabe lo que se lo agradezco”. Y volviendo a lo de la obra, insistió: “¿Y qué dices? ¿Que están poniendo una estatua?”. “Sí, una estatua de bronce bastante grande”, aclaré. “Pues eso está bien”. Y ahí terminó nuestra breve conversación.

Un par de horas después, sentado en una cafetería cercana a la obra, observé que el protagonista de la foto seguía mirando por el agujero de la malla, permanecía estático, sin apenas moverse, como un guepardo del Serengeti atento al fallo de su presa. Quizás esperando un milagro que le devolviese la vista, ya que la estatua era de un santo, o simplemente matando el tiempo consciente de que hay que tener fe para creer en los  milagros.

FRANCIS SALAS

Redactor // Fotógrafo