Contaba el bodeguero cordobés Rafael del Pozo que su abuelo le recordaba, al hablar del vino Pedro Ximénez, que el genial pintor cordobés Julio Romero de Torres, gran amante del vino de Montilla-Moriles y gran amigo del abuelo de Rafael, tenía siempre gran gusto de acompañarle en las visitas a las bodegas

de la zona que hacía por motivos profesionales, para probar a pie de bota la exquisitez del vino dulce que se elabora y envejece en los pueblos del sur de Córdoba.

Prueba de ello es la foto que acompaña este reportaje, propiedad del archivo de Bodegas Alvear donde el pintor cordobés, en compañía del abuelo de Rafael, catan en unas copas de postre el citado Pedro Ximéne, que nada tiene que envidiarle al mejor de los vinos dulces mundiales en una de las bodegas que la familia Alvear conserva en la zona.

En el marco de producción Montilla-Moriles, al que pertenecen 17 términos municipales, abunda la variedad Pedro Ximénez que, expuesta al sol en las paseras, se somete a unas condiciones climáticas durante los meses de agosto y septiembre que facilitan la deshidratación del fruto y la condensación de sus azúcares.

Una vez pasificadas las uvas son llevadas de nuevo al Lagar donde, tras un lento proceso “cargado de cuidados, mimos y atenciones especializadas hasta obtener la calidad final que demanda y exige el mercado” se obtiene el vino dulce Pedro Ximénez, según las palabras de un experto conocedor de los vinos cordobeses, Manuel López Alejandre, ex secretario general del Consejo Regulador y actual promotor del Aula del Vino y concurso de vinos Premio Mezquita de Córdoba.

A lo largo de toda la historia bodegas cordobesas han sido las primeras productoras a nivel mundial, casi en exclusividad, de vinos dulces de la variedad Pedro Ximénez. Unos vinos elaborados artesanalmente con métodos tradicionales, que llevan siglos cosechando éxito en los mercados nacionales e internacionales. No es posible hablar con propiedad de los vinos dulces de Montilla-Moriles sin conocer el duro trabajo de los productores de uva, así como el delicado y arriesgado proceso de elaboración que, salvo contadas innovaciones sigue el sistema tradicional en todo el proceso.

El PX es un vino de aspecto denso y brillante; de color oscuro con mayor intensidad a medida que envejece y que puede llegar hasta el azabache, y con un sabor dulce, suave y aterciopelado donde prevalecen los tonos a pasa, dátil y en los muy viejos, a cacao y torrefacto.

No es fruto del azar el hecho de que los vinos dulces Pedro Ximénez de la Denominación de Origen Protegida Montilla-Moriles sean unos de los vinos más galardonados del mundo. Son un bien escaso, prácticamente limitado a un espacio geográfico concreto en el sur de Córdoba. Catadores y sumilleres  de prestigio han llegado a calificarlo como “el vino más representativo de España” por su carácter genuino y por la exclusividad de su elaboración.

Así que no es raro que no sólo Julio Romero de Torres sucumbiera al hechizo del Pedro Ximénez de Montilla-Moriles. Artistas, escritores, políticos de esta y épocas pasadas se han rendido a sus encantos, ejemplos recientes, entre otros, son Mario Vargas Llosa, Antonio Gala o Vicente Amigo, ilustres representantes de los vinos de Montilla-Moriles dada su condición de embajadores de la Cofradía de la Viña y el Vino de Montilla.

Muchos han sido los jornaleros y agricultores del campo, empleados y capataces de lagares y cooperativas, administrativos y comerciales de las bodegas y trabajadores en general vinculados al mundo del vino, que a lo largo de la historia han hecho posible que el vino Pedro Ximénez sea un producto cotizado y demandado. Con su esfuerzo diario, poco a poco y contra marea están consiguiendo poner en el lugar que corresponde, por calidad, a este vino dulce andaluz, fruto de la uva pasificada, vendimiado, elaborado, envejecido, embotellado, marcado, vendido y bebido bajo el sello de la Denominación de Origen Protegida Montilla-Moriles.

FRANCIS SALAS

Redactor // Fotógrafo