La compañía sevillana Teatro A La Plancha se sirve del lenguaje clown para reflejar la brutalidad de la vida del medio millón de disminuidos psíquicos que fueron encerrados por la Alemania nazi. María Díaz, Manuel Ollero ‘Piñata’ y Selu Nieto se visten con los andrajos de unos enfermos mentales abandonados en unos manicomios carcelarios, desolados y sucios. Son los tres internos del tétrico hospicio de Los perros, en Málaga durante un par de días.

Los perros 2

Escena de la obra

Selu Nieto, muy conocido por su papel de ‘Hipólito Mirañar’ en la serie El secreto de Puente Viejo, ha escrito y dirige una obra en la que se suman lo poético, lo trágico y lo esperpéntico, y que se representa hoy y mañana sábado en el Teatro Echegaray.

La compañía sevillana Teatro A La Plancha utiliza un lenguaje de clown para llevar a escena toda esa brutalidad en una pieza que llega a Málaga aupada por el reconocimiento de los Premios Escenario de Sevilla: Manuel Ollero ‘Piñata’ logró el de Mejor Actor y la obra quedó finalista en las categorías de Mejor Espectáculo, Dirección, Autor y Escenografía.

‘La piojosa’, ‘El ciego’ y ‘Expósito’ son tres de esos seres distintos cuyas vidas se consideraron indignas de ser vividas. Eran los que sobraban. La escenografía de Los perros, creada por Carlos Villarreal y Margarita Ruesga, los instala en una sala tapada por una pared de camisas viejas que alude a los ausentes, los que ya salieron del hospicio mientras que ellos se apilan en una litera de madera de tres alturas.

 

Los perros 1

La actriz María Díaz

Sinopsis

Los protagonistas, tres desahuciados abandonados por sus familias, por la sociedad y por el poder, aguardan a que vengan a por ellos, y recuerdan a todos esos perros abandonados que esperan asustados a que su amo vuelva a recogerlos sin saber que nunca lo harán.

El Hospicio que hasta hoy nos cobijaba se viene abajo. Se consume en la fría oscuridad y pudre consigo a sus internos, pacientes que impacientes sueñan con el traslado a un sitio mejor. Mientras los elegidos son llamados a traspasar la puerta que los libera de su encierro, los más atormentados aguardan la llegada del director del Centro para ser salvados. Pero los días pasan, no viene nadie y ninguno sabe cómo recorrer los largos y estrechos pasillos que conducen al exterior. Esperar, desesperar… Debe de haber otro camino, otra puerta de salida.