Hace más de 30 años el alemán Fran Xaver Kroëtz escribió la historia de una anciana consumida por sus recuerdos en las horas previas al desalojo de su propia casa. La veterana actriz jiennense Petra Martínez se mete en el pellejo de esa mujer en el Teatro Apolo de Almería con Una mujer en la ventana.

Los mensajes de Una mujer en la ventana siguen estando de moda. Lamentablemente, aunque bien pudiéramos decir que quizás nunca dejaron de estarlo. Petra Martínez y su compañero sentimental y de escena, Juan Margallo, decidieron en la década de los 80 que aquel texto que describía la tormenta de sentimientos de una mujer, anciana, en la antesala de un desahucio bien merecía llevarse a escena también aquí en España.

expreso del sur petra martinez

Petra Martínez, en una escena de la obra.

Desde su estreno en 1985, esta obra de teatro ha ido entrando y saliendo de la programación de la compañía Uroc. Nunca desapareció porque, en realidad, los desahucios nunca desaparecieron, por eso la carga crítica de la obra ha estado, con altibajos, en la agenda social de los españoles a lo largo de estos años.

Almería es la siguiente parada (jueves, 28 de abril) para Una mujer en la ventana, en la que la actriz andaluza nacida en Linares –personaje fijo en la televisiva La que se avecina– se mide en solitario a un texto cargado de contenido dramático. Petra adquiere el alma de una mujer mayor, todavía en buenas condiciones físicas y con ganas de vivir independiente, que tiene que aceptar ir a vivir una residencia de ancianos una vez que el dueño del edificio, donde la mujer lleva viviendo más de cuarenta años, ha conseguido que lo declaren en ruinas.

La obra transcurre cuando la mujer, antes de irse a la cama empieza a seleccionar las cosas que se puede llevar. Claro está que si fuera por ella se llevaría todo, pues todas las cosas que la mujer tiene en su casa tienen para ella muchísimo valor sentimental y todas y cada una de las cosa que ha ido reuniendo a los largo de muchos años le recuerdan distintos momentos de su larga vida: desde las cachimbas del marido, hasta el canapé donde descansaba después de comer, “el cuadro moderno” recuerdo que se trajeron de algún viaje o su pajarito que, ignorante de todo – pía en la jaula –sin ser consciente que esta será la última noche que pasen juntos después de tantos años.

Una mujer en la ventara trata de la soledad, de cómo una mujer que ha ido coleccionando recuerdos y afectos durante toda su vida, tiene que abandonarlos de un día para otro. En su nueva vida no cabe todo lo que le une al pasado. De eso trata la obra dirigida por el también actor Juan Margallo, del final de la vida de muchas personas que vivieron apegadas a la familia durante toda su vida y en el final del trayecto sin quererlo, tienen que quedarse solas , fuera de su casa, de su entorno y conviviendo con desconocidos. Desde la compañía, van más allá y hablan de una representación con eco de los desterrados de la tierra: los refugiados, los emigrantes, los desahuciados y todas aquellas personas, en contra de su voluntad que se ven obligados a abandonar el lugar donde han vivido siempre.