En los años noventa y hasta el 2009 no había un verano que los niños y niñas no nos pusiéramos delante de un televisor para ver el Grand Prix, ese programa presentado por el conocidísimo Ramontxu y más tarde por un tal Bertín Osborne, aunque su apellido pueda llevar a la confusión no era de los que perseguían a concursantes en el ruedo.