Nuestro mayor tesoro es quizás y con toda probabilidad nuestra prisión más cruel. El raciocinio, esa característica de nuestra raza entendida como privilegio y fuente de nuestra supremacía en el planeta,  nos ha dirigido a lo largo de los tiempos conocidos hacia cárceles morales e ideológicas que han procurado que no quede rastro alguno de un ansia jamás conocida: la libertad.