Cuando un atentado terrorista repugna, genera temor y provoca una reacción ciudadana de condena manchada por vetustos, hastiantes, injustificados e injustificables actos de utilización política, al menos se podría esperar una reacción respetuosa de las instituciones que representan a todos los que habitan aquel espacio, pero en Cataluña es mucho pedir.