Un niño de 5 años tiembla de miedo. Los nervios del pequeño se justifican por unas tan gigantescas como terribles expectativas que tiene que asimilar y llevar como pesada carga a un escenario repleto de luces cegadoras. Allí ha de mostrar un talento que, para ser valorado, ha de ser directamente apreciado y aprobado por tres extraños expertos, expertos en muchas cosas, pero no en talento musical.