¿Qué habría pasado si a un político la Policía lo hubiera implicado en un caso de presunto abuso de menores y trata de mujeres? Seguramente no habría aguantado ni 24 horas en su cargo. La presión social y mediática alcanzaría cotas insoportables. En el caso de los futbolistas David de Gea e Iker Muniain, supuestamente salpicados en la investigación al empresario del porno Torbe, todo ha sido más ponderado. Hasta el punto de que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha pedido que este escándalo sexual no tenga efectos sobre la selección y poco más.