Al calor del desarme de ETA, mi amigo Paco Casero me recordaba ayer la huelga de hambre que un grupo de hombres y mujeres de Andalucía protagonizó hace 25 años bajo el árbol de Guernica pidiendo el cese de la violencia terrorista. Eran momentos duros con una banda en plena actividad asesina y la iniciativa suponía un gesto de tremenda valentía.