Han sido 43 años de servicio, años en los que para “curtirle” le enviaban directo a la ruleta rusa vasca. Él tuvo la inmensa suerte de “solamente” enterrar a cinco compañeros y amigos. Pero no había tiempo para lamentos, al día siguiente comenzaba un nuevo día de ese inhumano turno 24 por 24 (un día completo de servicio y el siguiente de descanso), y tachar días del calendario para lograr volver a casa sano y salvo.