Persianas abajo, horas interminables en las urgencias de un hospital, medicamentos que son compañeros de fatigas, incomprensión a tu alrededor y silencios poco curativos. Así es la vida de un enfermo de cefalea, la vida de miles de andaluces como Ernesto Hita, quien ha recurrido al lenguaje artístico para explicar su martirio diario.