En Sevilla el recinto ferial se incrusta en la ciudad como un triste descampado colonizado por el botellón durante los 10 meses en que no tiene un uso real. El aspecto descuidado, con escasa iluminación y acerado en mal estado cumple además de una función de albergar la feria de abril, la de separación entre la tradicional zona militar de Tablada y el final del barrio de los Remedios.