El buen tiempo, en Córdoba, es sinónimo de vino. Resulta difícil imaginar una primavera cordobesa sin una copa de Montilla-Moriles en la mano, rodeado de amigos. En la ciudad de la Mezquita, la Cata de Vino es un punto de inflexión en el calendario, la ciudad se hace más alegre, la fiesta es ya imparable: el mayo cordobés se ha instalado en el Guadalquivir.