Este pasado sábado por casualidad o por destino, nunca he sabido bien en cuál de las dos cosas creer, se cruzó en mi vida sin esperarlo, un aliento de arte que duró apenas unas horas en mi paladar, pero cuyo recuerdo no perecerá. Igual que cuando pruebas un dulce típico, en alguna pequeña pastelería, de algún remoto pueblo al que has ido de turismo. Ese sabor inimitable, característico, nuevo.