Hay silencios más estruendosos que las propias palabras. Cuando uno calla, suele otorgar. Siempre resulta edificante una actitud proactiva en beneficio de la verdad o frente a las injusticias y los casos de de corrupción. Cuando se opta por el mutismo o se pasa de puntillas ante casos sangrantes, nos convertimos en buena medida en cómplices de ello. Tres ejemplos: