La taberna La Montillana es uno de esos sitios de Córdoba donde conviene tomar una copa de vino. Este templo dedicado al culto de los vinos cordobeses y la cocina de calidad, sirve de refugio cuando toca hacer un alto en el camino. En su interior, la elección no será sencilla. La carta de caldos Montilla-Moriles se compone de unas cincuenta referencias, prácticamente todas las bodegas del marco, al menos las principales, están aquí presentes.

La historia del lugar apasiona por sí sola. En los años 40 este local situado junto a la céntrica iglesia de San Miguel, ya era una referencia enológica como despacho de vinos. Su nombre era Vinícola La Montillana y desde esos orígenes fue evolucionando hasta ser en la década de los 70, con otro nombre, sede de una de las tres tertulias con más solera de la cultura local cordobesa.

Y siempre en constante evolución. En 2008 recupera su denominación de La Montillana, con la pasión por los vinos cordobeses como seña de identidad. Todo el personal de la taberna ha recibido formación específica en los vinos de la tierra: visitaron bodegas, conocieron el proceso de la vendimia, estudiaron las características técnicas en el Consejo Regulador. Y todo con el único propósito de acertar con el vino que el cliente necesita en cada momento.

Para esta taberna, los vinos también tienen margen de maniobra a la hora de innovar. Actualmente, comienzan a sugerir los primeros cócteles y sangrías originales hechas a base de variedades de esta denominación de origen. Son los mimbres de un nuevo éxito de La Montillana, que desde el 2012 cada septiembre celebra la Fiesta de la Vendimia de Córdoba en un intento más por difundir en la capital su fe en los Montilla-Moriles.