La trayectoria trazada por Sonido Vegetal en sus siete años de existencia resulta del todo estimulante. La amistad ocupa el núcleo de una biografía que prefiere el zig-zag a la línea recta. Sus raíces agarran en Dúrcal, al sur de Granada, y en un punk gitano que siempre tuvo al Mediterráneo como discreto testigo. La banda está de ruta con su tercer álbum, Verbena calavera

sonido vegetal

Componentes de Sonido Vegetal

El kernel de Sonido Vegetal está formado por Néstor Melguizo (voz, guitarras, composiciones) y Manuel Iglesias (trompeta). Junto a ellos operan otros cinco durqueños –Antonio Parejo (bombardino), Gerardo Única (guitarra), Charlie Morales (bajo), Johans Pedreros (batería) y Fidel Megías (teclados)– más una leyenda del afterpunk británico – Martin “Youth” Glover– cuyo nombre infunde un respeto genuino.

El veterano músico inglés –bajista de Killing Joke, productor de largo recorrido con una hoja de servicios de las que quita el hipo– reparte sus días entre Londres y Albuñuelas, localidad cercana a Dúrcal en la que regenta El Mirador, estudio de grabación enclavado en un paraje de ensueño a la vera de la sierra. Youth se ha convertido en una pieza fundamental para entender la evolución artística de Sonido Vegetal, con quien empezó a trabajar en 2012, dirigiendo la producción de “Las bases del razonamiento”, el revelador segundo álbum del grupo.

Aquel disco fue punto y aparte para el tándem compositivo formado por Melguizo e Iglesias. Hasta ese momento, Sonido Vegetal se había decantado por una solvente aproximación de cariz electrónico al legado de la música popular jamaicana. El reggae mandaba en sus pentagramas y el grupo –por entonces un trío que completaba el percusionista senegalés Babacar Kamara– parecía decidido a explorar esa vía en busca de una expresión más amplia. Youth intuyó que aquellos muchachos podían articular un discurso diferente y, en lugar del insidioso “sí a todo”, optó por el calzón quitao. Les propuso hacer tabula rasa y reorientar su apuesta hacia un territorio distinto, el del punk gitano de ascendencia balcánica que grupos como Kultur Shock, Balkan Beat Box o Gogol Bordello han popularizado en todo el mundo.

La cosa no solo funcionó muy bien en lo creativo, sino que permitió a Sonido Vegetal llegar a un público más amplio, traspasar nuestras fronteras para actuar en festivales carismáticos como el BoomTown Fair británico y consolidar su reputación como grupo de plena garantía festera sobre las tablas. Porque ahí, en la celebración colectiva y exenta de prejuicios, radica buena parte de su atractivo. Parece complicado, por no decir imposible, aburrirse en un concierto del septeto granadino.

Verbena Calavera supone un importante avance expresivo para Sonido Vegetal e incorpora elementos autóctonos de encaste sureño a su efervescente bebedizo de punk-rock eslavo. Un cambio de perspectiva que refleja su maduración y les ratifica a salvo de cualquier prejuicio o limitación estética.

En Carromato Punkprimer sencillo extraído del álbum, ya se hace notar esa evolución. La efectiva plantilla rítmica de naturaleza mecánica, el trabajo melódico y el fraseo de Melguizo sugieren que estamos ante una nueva etapa para Sonido Vegetal. Y esto se confirma con holgura a renglón seguido, vía Ponle corazón, una pieza de espíritu rumbero adornada con metales de aire latino que puede conquistar cualquier plaza a la hora del baile. Incluso el cierre, a lomos de Mentira, establece una evidente conexión con la tradición musical del meridiano y nos hace recordar que aquí se acuñó el término gypsy-rock muchísimo antes de que los cazadores de tendencias la fliparan con el gypsy-punk.

Sonido Vegetal concibe su música como inmejorable excusa para una celebración sincera y lúcida, en común y a pie de calle. Ponte calzado cómodo, avisa a los colegas y déjate llevar, pues. Los granadinos celebrarán el Día de Andalucía con un concierto en Huelva (sábado 26 de febrero) y en Marinaleda (27 de febrero).