A una ciudad, a una región, a una tierra se le puede querer por muchas razones. El canadiense Reza Emilio Juma ha sucumbido a los encantos de Andalucía navegando por su historia, desde donde ha forjado una pasión por lo andaluz que destila en El legado del príncipe de Cachemira (Editorial Nazarí). Acaba de regresar a Oaxaca, en México aterriza reconfortado por la buena acogida de su segunda novela,  protagonizada por un descendiente de Alejandro Magno que encontró en la al-Ándalus del siglo X más de un motivo, y más de dos, por los que la vida merece la pena.  En la retina, su éxito como escritor debutante con Mil besos (Círculo Rojo, 2014) donde situó en Granada su idilio con Andalucía.

r1

Reza Emilio Juma, en la Mezquita-Catedral de Córdoba

PREGUNTA (P). Parece un chiste, pero ¿qué hace un canadiense que vive en México escribiendo sobre Andalucía?

RESPUESTA (R). La gente en Andalucía me pregunta esto bastante y creo que es porque el andaluz no se da cuenta de la verdadera belleza de su tierra. Hablo tanto culturalmente como históricamente. Andalucía es un crisol de civilizaciones y culturas que se han fusionado para crear una extraordinaria belleza que impacta a cualquier visitante de cualquier país. También viví la mayoría de mi vida en el Levante y cualquier puente que tenía me faltaba tiempo para viajar a Andalucía y por eso, conozco cada uno de sus rincones.

(P). En su novela el protagonista inicia un largo viaje hasta al-Ándalus enamorado por lo que una embajadora cuenta sobre el “paraíso terrenal”. ¿Queda algo de aquel paraíso?

(R). Es bastante difícil saber exactamente cómo era ese paraíso terrenal del siglo X que tantos escritores han descrito a lo largo de once siglos. Pero según los manuscritos, no solamente de escritores o poetas andalusíes, también de escritores de todo el mundo que describieron sus jardines, fuentes, mercados, olores, mosaicos, palacios… lo único que uno supondría es que era realmente eso, un paraíso en la tierra. Cuando visito la Alhambra, la Mezquita o el Alcázar de Sevilla me transporto a lo más místico y lo más bello que hay en este mundo. Cierro los ojos y saboreo el autentico paraíso, aunque sea por un momento.

(P). Su protagonista es un príncipe, ¿cómo fue su viaje hasta al-Ándalus en el siglo X?

(R). Era un viaje que tardó más de treinta años. El hombre tiene que pasar por todo porque es como si fuera una vida completa. Pasa por batallas entre civilizaciones y religiones, ataques de animales, insolación y deshidratación en el desierto, gente que intenta matarlo, sentencias de muerte, hasta estuvo en una prisión durante diez años. Lo que más vive son los amores que encuentra a lo largo del viaje, cada uno único y muy diferente al resto, y de todos esos amores aprende. Aprende a ser un hombre y aprende la verdadera esencia de la palabra amor.

«EN MIS LIBROS TENGO UNA TENDENCIA A SENTIRME COMO UN EMBAJADOR DE LA CULTURA ANDALUZA»

(P). ¿Se parecen en algo el viaje por el Mediterráneo de su protagonista y los actuales viajes hacia Europa de tantas familias sirias?

(R). Se me erizan los pelos cuando tengo que pensar en lo que tienen que pasar estos inocentes desplazados y arrancados de su propia tierra. Me da pena por varios motivos, me da pena porque Siria, históricamente, es de los países más importantes del mundo y con un vínculo muy estrecho con España, sobre todo por ser los fundadores de al-Ándalus. Por otra parte, me da pena porque siempre ha sido una gente moderada religiosamente, un país donde cristianos y musulmanes han convivido en paz durante catorce siglos. De repente, por interés de los grandes poderes decidieron que Siria tenía que ser el próximo objetivo y montaron todo lo que hoy en día supone millones y millones de refugiados que la mayoría ni llegan. No creo que esta gente tenga la suerte de conocer y enamorarse como Gita, el protagonista de mi novela, que al fin y al cabo está viviendo una aventura divertida llena de pasión y alegría.

(P). Hay quien sostiene que el fanatismo religioso, como motivo de emigración, ha sido a lo largo de la historia un factor de interculturalidad. ¿Eso es ver el vaso medio lleno?

(R). El fanatismo religioso es lo que siempre ha separado las culturas y civilizaciones. La religión en teoría tiene que ser la cosa más pura que hay, pero en realidad es la arma más letal a la hora de manipular a la gente y a las masas, incluso para movilizarlos para matar y empezar guerras, y eso lo vemos mucho en esta novela.

r5

 

(P). ¿La interculturalidad y el respeto entre religiones es un mito de al-Andalus y, en concreto, de la Córdoba califal?

(R). Hay muchos mitos y malas interpretaciones sobre al-Ándalus. Por ejemplo, se piensa que era una sociedad islámica y musulmana. Sin embargo más de la mitad de la población de al-Ándalus eran cristianos viviendo según la cultura musulmana y encima por decisión propia (los mozárabes). Había más cristianos viviendo el al-Ándalus que en los reinos cristianos. El embajador más importante del califa Abderramán III era el obispo Recemundo, un cristiano y casi todas las reinas y madres de los califas eran vasconas del Reino de Navarra. En toda la historia del judaísmo los judíos jamás florecieron como en al-Ándalus. Incluso si nos fijamos en en la Medina Azahara no es puramente árabe sino más bien bizantino con influencias visigodas.

(P). ¿Qué podemos descubrir de la Andalucía actual a través de su novela?

(R). Reconozco que en mis libros tengo una tendencia a sentirme como un embajador de la cultura andaluza simplemente porque estoy enamorado de esta tierra. Creo que hay pocos autores que pueden hacer la misma justicia o pintar Andalucía con tanto amor y belleza como yo. En esta novela cuando Gita, el protagonista, llega a al-Ándalus quiero que el lector se transporte al auténtico paraíso terrenal para poder vivir el verdadero sueño andaluz.

r8

(P). En una conversación sobre viajes, Saramago dijo que “siempre llegamos al sitio donde nos esperan”.  ¿Se siente esperado en Andalucía?

(R). Sin duda. Jamás me han abierto las puertas como en Andalucía. La gente que más me ha apoyado incondicionalmente son los andaluces y ese es uno de los muchos motivos por los que me siento en casa en Andalucía, es donde dejé mi alma.

(P). Después de escribir una novela con pasajes de la Córdoba del siglo X, la pregunta sobre la polémica de la inmatriculación de la Mezquita-Catedral es obligada. ¿Se está apoderando la Iglesia poco a poco de un edificio que pertenece a la sociedad?

(R). Creo que el mayor enemigo del patrimonio cultural es la historia. El monumento más espectacular de todo el mundo cristiano es la Santa Sofía y cayó en manos de los musulmanes turcos quienes hicieron barbaridades tachando imágenes de santos y la virgen con sus espadas y ese daño es irreparable. Pero ya que el daño está hecho porque es historia, hoy la han convertido en un museo que se dedica a la restauración cristiana del monumento en el interés de la población turca porque también es su historia. Acerca de la Mezquita, la misma barbarie ya se cometió y no hay marcha atrás y esa iglesia que hay en medio de la Mezquita también forma parte de la historia y hay que respetarla igual. Pero, a mis ojos, la Mezquita es del pueblo y debe ser el pueblo quien decida su futuro y cualquier modificación sería una violación hacía los cordobeses y su identidad.

(P). Como viajero, ¿cómo presenta Andalucía a quien no la conoce?

(R). Les aconsejo que lean mis libros.