En Almería, única provincia andaluza que pasó toda la Guerra Civil bajo el poder republicano, los continuos bombardeos animaron a construir a 9 metros de profundidad una compleja red de refugios subterráneos concebidos para salvar vidas. Casi un kilómetro de esas galerías, rehabilitadas para el turismo, constituyen el refugio más grande de Europa abierto al público.

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Galería del refugio almeriense abierta al turismo.

Durante los tres años de la contienda militar, Almería sufrió 52 bombardeos. En total, 754 bombas, lanzadas por mar y aire, cayeron sobre enclaves militares y civiles de la capital almeriense. El dominio político de la ciudad nunca llegó a cambiar de bando, aunque los estragos de aquellos ataques entre la población, fueron más que evidentes.

La necesidad de proteger a los almerienses prontó ocupó a las autoridades locales, que se pusieron en manos del arquitecto municipal Guilermo Langle Rubio para acometer un diseño de 4,5 kilometros de galerías bajo tierra. Con capacidad para 35.000 personas, el refugio disponía de 67 puntos de acceso y de estancias para albergar lo necesario durante los bombardeos: desde almacenes de víveres hasta quirófanos para atender a los heridos. En definitiva, una compleja construcción que se ejecutó entre febrero de 1937 y principios de 1938.

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Recreación de uno de los quirófanos del refugio.

De aquel refugio donde miles de almerienses salvaron sus vidas aún se conserva casi un kilómetro de túneles bajo el Paseo de Almería, una de las arterias principales de la ciudad. Se trata de un espacio museístico, recuperado para la actividad turística, una parte esencial del patrimonio contemporáneo almeriense rehabilitado también para salvaguardar la memoria histórica.

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Parte de la despensa del refugio.

SALVA LORIGUILLO

Redactor. Aprendiendo de Andalucía.