¿Posee el arte capacidad para derribar los estereotipos desde la ironía? Échenle un vistazo a la trayectoria artística de Pilar Albarracín y contesten por sí mismos. La cultura folclórica española, y especialmente andaluza, queda al desnudo en manos de la polifacética artista sevillana. Hasta el 18 de septiembre, el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga aglutina en Ritos de fiesta y sangre una selección representativa de su trabajo realizado durante los últimos 15 años.

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Pilar Albarracín, fotografiada en ‘Torera’ (2009)

“Mis ideas las reflejo en mi obra; existe la creencia de que como artista no te puedes equivocar, pero yo me siento libre. La espontaneidad se ha perdido mucho”, aclara Pilar Albarracín cuando explica su trabajo. En Ritos de fiesta y sangre, la artista lleva a cabo un recorrido por sus trabajos abordando temas como las desigualdades sociales, la identidad femenina o la violencia. Recurre a elementos conceptualmente sencillos, pero con una fuerte carga emocional. Albarracín interpreta tópicos mundialmente conocidos para hacer una crítica sobre cómo ciertos clichés perviven en el imaginario colectivo.

La artista multidisciplinar trabaja con los vídeos, fotografías, instalaciones, performances, esculturas, dibujos y bordados para exponer su visión sobre asuntos que le preocupan. El uso del color, sobre todo la gama de los rojos, persigue captar la atención del espectador de la sala y provocar diferentes emociones. En la artista sevillana, los estereotipos y la imagen del vernáculo andaluz adoptan una posición diferente a la festiva, para convertirse en una forma de denunciar el reparto desigual de roles en la sociedad, bien sea por motivos de género o por otras razones, como las minorías étnicas. La artista ejerce una crítica social y cultural en las que se sirve del humor y la tragedia a partes iguales para hacer efectiva su denuncia. A lo largo de su trayectoria ha sabido reinterpretar los diferentes códigos a partir de los cuales realiza su trabajo, siempre con una visión sarcástica de la realidad. Pilar Albarracín recurre al poder de las imágenes tradicionales, transformando elementos que la convierten en símbolos actuales, como en la instalación El Toro (2015).

En Asnerías (2010) la artista emplea la carga simbólica del animal para esta instalación. Al asno se le atribuyen diferentes características, aunque siempre se le ha identificado con un animal torpe y de escasas cualidades intelectuales. La artista recrea una escena en la que un asno, sobre una montaña de libros, lee atentamente un ejemplar. De esta manera, Pilar Albarracín ridiculiza el exceso de vanidad que son característicos de ciertos ambientes artísticos, equiparando al burro con el experto en arte. En otra de sus instalaciones, el animal también es empleado para enfatizar en el cambio de roles de la sociedad actual (Pavos Reales, 2010). A través de un ave, en este caso, el pavo real, la artista visualiza la inversión de los géneros masculinos y femeninos, despojando al macho de las vistosas plumas, el elemento que más lo identifica, y vistiendo con ellas a la hembra. Por último, el mundo animal y la relación que se establece entre el hombre y la naturaleza, pero desde la sumisión de la bestia a la acción humana, se visualiza en el documental Padre Padrone (2010).

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Escultura ‘Asnerías’ (2010), presente en el espacio cultural malagueño

El bordado como práctica artística casi en exclusiva femenina está presente en varios trabajos de Pilar Albarracín. En la serie Paraísos Artificiales (2001) o en Guapa (2015) recurre a esta técnica con la intención de otorgarle una mayor importancia a una técnica artística ancestral ligada al universo femenino, pero, a juicio de la artista, excluida injustamente de las Bellas Artes.

La ironía que emplea en sus trabajos a veces se contrapone a la rabia, otras de las emociones que queda retratada en su obra aludiendo a tiempos pasados, pero con continuidad en el presente. Al recurrir a estos sentimientos encontrados, la artista hace una crítica de la cultura popular y la censura, que aún pervive en ciertos ambientes (Prohibido el cante, 2001-2013).

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‘Autopista hacia el cielo’ (2015)

Pilar Albarracín (Sevilla, 1968) obtuvo en 1993 la Licenciatura en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. Es una de las artistas contemporáneas más controvertidas del panorama nacional y con un gran reconocimiento internacional. En 1997 expuso por primera vez en Madrid y Sevilla, ciudades en las que actualmente vive y trabaja. A partir de entonces, su trabajo se ha podido ver en importantes exposiciones, tanto colectivas como individuales, en galerías y museos de todo el mundo, como el Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris; el Hamburger Bahnhof de Berlín; el PS1 del MoMA en Nueva York; el Istambul Modern Sanat Müzesi de Estambul; el National Center for Contemporary Arts de Moscú o el Museo Kiasma de Helsinki. También ha participado en las bienales de Venecia, Busan (Corea), Moscú, Sevilla, entre otras.