El ingenio culinario del chef Juan Francisco Castro es la guinda para que la escapada a Granada la recuerdes de por vida. Estamos en la ciudad de la Alhambra, con vistas a los jardines del Generalife, en un antiguo convento mandado construir por los Reyes Católicos sobre un palacio nazarí cuyos restos aún se conservan. Y disfrutar de un almuerzo o una cena el Parador granadino surge como el complemento perfecto.

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En la terraza del restaurante, las vistas te sorprenderán.

De sobra es conocida el mimo que Paradores gasta en su oferta gastronómica. En Granada, se superan con platos extraordinariamente de influencia local donde el sabor de los productos de la Vega granadina está presente en cada menú. El remojón granadino con gamba blanca, la Merluza de Celeiro en jugo de tomates secos alpujarreños o el caviar ecológico de Riofrío con tostas calientes te llevarán a la boca Granada y su provincia. Para el postre, los famosísimos piononos, aquí con un toque especial, son un fin de comida perfecto.

La experiencia gastronómica en un entorno bellísimo impone nada más cruzar la puerta del Parador. Aquel edificio es diferente a cualquier otra cosa y compartir mesa y mantel en el Salón Mozárabe es un placer reservado para días especiales. En esos momentos especiales, el arte del chef luce entre fogones. Juan Francisco Castro te sorprende desde el principio, ya sea con un gazpacho andaluz, ideal para refrescar el cuerpo en verano, o un cabrito preparado al estilo alpujarreño. El Sacramonte y el Albaicín te esperan fuera, con sus rincones con encanto, pero el mundo puede esperar ahí fuera: estamos comiendo en el Parador de Granada.

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Detalle del Salón Mozárabe del restaurante.

SALVA LORIGUILLO

Redactor. Aprendiendo de Andalucía.