La figura de Paco Ariza estará irremediablemente unida para siempre al paisaje de olivos que custodia su Baena natal, geográficamente en el centro de una Andalucía olivarera casi por sus cuatro costados.

Recién cumplidos los 78 años, presume con honor de ser un artista jornalero del olivar, tras una intensa vida en la que siempre sacó tiempo  entre sus clases de dibujo en Secundaria para su faceta creadora, su gran pasión.

Paco Ariza nunca quiso desprenderse de su pueblo y eso que tuvo numerosas oportunidades para hacerlo. Primero como estudiante y luego como docente, Paco vivió en otras ciudades, como Madrid, donde la Cultura se escribe con mayúscula, donde era fácil codearse con los mejores creadores del país. Normalmente una capital es mejor refugio para el arte que un pequeño pueblo del mundo rural.

Sin embargo, Paco, tras convivir con aquella cultura de escaparate, regresó a su Baena para continuar haciendo cultura, esa otra cultura que se escribe con minúscula. Una cultura más sincera, pura, rebelde, transparente, sin yugos ni remordimientos… una cultura llana, humilde, concebida como trofeo ganado a la libertad.

Sus vecinos quisieron corresponder a tanto amor desinteresado nombrándolo Hijo Predilecto de Baena, hace ahora tres años. Baena profesaba así su admiración por el artista de la Almedina, que para muchos será recordado por el monumento a los olivareros, sencillamente genial.

Las arrugas con las que nos obsequia el tiempo a su paso, no tienen cabida en la obra de Paco Ariza. ¿Y no evoluciona su obra?. Sí, pero siempre la misma mirada ante el lienzo, siempre el mismo pulso en sus manos, para despertar en los ojos que contemplan su obra esa sensación de la quietud del tiempo tan propia del mundo rural.

SALVA LORIGUILLO

Redactor. Aprendiendo de Andalucía.