Sábado,  22 horas del 11 de febrero, un rápido zapping nos hace parar casualmente en la televisión pública, donde se celebraba la fase final del concurso para elegir canción que nos representará en el festival de Eurovisión.

Tampoco es que nuestro interés fuera máximo, pero con el formato elegido incluso sentíamos emoción de saber cuál iba a ser la canción elegida. Cinco eran las canciones que llegaron a la final. Como viene siendo costumbre, las composiciones no eran de una calidad reseñable, aunque dos destacaron por encima del resto, la de un chaval llamado Manel y la de Mirela.

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Hasta ahí todo normal, pero en el momento de las votaciones entre el escaso público invitado al plató donde se grababa surgió un núcleo que sistemáticamente interrumpía el concurso con gritos cada vez más irrespetuosos dirigidos al que después fue el ganador, Manel.

Ni el presentador, Jaime Campuzano, ni las peticiones del resto de los competidores, pudieron paliar la situación desagradable para televidentes, participantes y especialmente para el ganador. Insultos, vejaciones y provocaciones que sólo pararon por el saber estar del jovencísimo intérprete.

La verdad es que hemos convertido en un circo un concurso en el que antaño se acudía a competir con auténtico talento musical. Quizás esta sólo sea una muestra de la  involución de la sociedad española hacia el “cutrismo” social en el que la educación y el respeto cada día escasean más.

PABLO CAMBRONERO

Licenciado en Derecho que trabaja en el ámbito policial. Mi afición desde los siete años es escribir sobre cualquier tema que me ronde. Colaborador de Expreso del Sur.