La mañana del domingo supone un oasis de tranquilidad en las calles de Sevilla. Yo, triste y aún joven mortal, gasto mi sesión matutina dominical yendo a una de esas cafeterías que miran al sol leyendo la prensa del día.

Las ediciones impresas de la prensa de los domingos suelen ser las más ricas en contenido, trayendo incluso “de regalo” revistas semanales con artículos interesantísimos que entretienen e iluminan las mentes de los lectores que, como yo, las esperan ansiosos.

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Arturo Pérez-Reverte

En uno de esos semanales participa uno de los columnistas de opinión más populares del país: el señor Pérez-Reverte. Este hábil escritor, popular no tanto por sus novelas sino por su habilidad para resaltar lo obvio con un lenguaje que dicta una pluma nacida y crecida en la irreverencia soez como única y exclusiva virtud, tuvo a bien hoy criticar a los que, como él hace unas cuantas décadas, comienzan a elaborar y publicar sus escritos de opinión sobre temas de actualidad.

Parece que un Dios desconocido ha nombrado juez a Pérez-Reverte de este Tribunal de Honor Editorial. La comodidad que le otorga su popularidad y la merecida solvencia que su apellido le procura ha provocado este furibundo ataque contra quienes hoy comienzan, con grandes dificultades, a usar su pluma para trasmitir a los cada vez más escasos lectores una opinión sobre cualquier asunto.

Quienes hoy escribimos hemos de pedir perdón a esta “Deidad” del populismo literario por la osadía de intentar vivir haciendo lo que él hace, pero quizás haya que tener clara primero una cuestión señor Reverte, que las opiniones son como los culos, cada uno tiene el suyo y usted no decide qué es el talento ni quién lo posee. Gracias a Dios.

PABLO CAMBRONERO

Licenciado en Derecho que trabaja en el ámbito policial. Mi afición desde los siete años es escribir sobre cualquier tema que me ronde. Colaborador de Expreso del Sur.