Un joven hombre de nacionalidad española se nos ha ido, y lo ha hecho intentando parar a desalmados asesinos que solo pretendían matar cobardemente a inocentes. Armado con el instrumento de su pasión y afición, la emprendió a golpes con esos monstruos para parar un asesinato y, de mano de esa basura humana, perdió la vida.

Llamativa e inhumana ha sido la actitud de las instituciones británicas, que han estado dando largas durante días a una familia que ya comenzaba a temerse lo peor. Esta actitud ha provocado especulaciones en quienes veíamos con indignación como ninguna novedad se producía con respecto a su estado. Incluso ya confirmada su muerte parece que sus familiares no han podido acceder al cuerpo, lo cual alimenta las sospechas de que algo no cuadra en un hecho tan cruel y triste como aparentemente simple.

Sea como sea hoy es un día para sentir orgullo de un compatriota que fue capaz de reaccionar con lo que tenía a mano para intentar salvar la vida de un desconocido poniendo en riesgo la suya. Fácil hubiera sido a un joven deportista huir del lugar y salvar su vida, pero decidió ayudar. Este acto heroico no creo que fuera una de esas decisiones cuasi irracionales que se toman en un momento de tensión, más bien pienso que obedecería un firme sistema de valores adquiridos a lo largo de toda una vida y consolidados por Ignacio a través de su entorno familiar y social.

Lo realmente triste es no poder decirle a la cara lo orgullosos que estamos de tener un héroe con DNI español.

¡Qué bonito sería ver como todos los skaters del mundo rinden homenaje a Ignacio!