Mi particular cruzada contra la esclavitud del siglo XXI comienza a arrojar las primeras consecuencias.

adicto-movilComienzo a comprobar que se puede vivir sin redes sociales, e incluso sin whatsapp, aunque lo segundo es más molesto. Comprobado ya que ya nadie mira las ofertas de llamadas de las compañías móviles (en su mayoría incluye la gratuidad de las mismas a un fijo mensual), voy a mirar con lupa las ofertas para gozar de la esencia de la comunicación que ofrece la telefonía móvil fuera de los datos: llamar y recibir llamadas.

Quizás mis 2.500 amigos de facebook me añoren, pero ninguno de ellos creo que me llore. La utilidad de las redes sociales pasa de instrumento curioso a adicción en cuestión de segundos. De repente te encuentras en cualquier sitio con la cabeza abajo y prácticamente sin mediar palabra, sólo pendiente de una pantalla en la que se suceden los acontecimientos. La soledad multitudinaria de la red.

El aparente descontrol de datos privados y la nunca antes conocida repercusión comunicativa de cualquier idea a través de estos medios, han provocado que incluso sean el principal instrumento de adoctrinamiento y captación para grupos terroristas.

Cualquier adicción conlleva una pérdida de libertad que no estoy dispuesto a sufrir. Para todo lo demás, ya tienen mi número.