Mi generación creció con una serie de mitos en televisión. Entre ellos, estaban si el campo de Oliver y Benji tenía final o hasta dónde llegaría el conejo de Duracell, pero quizás uno de los grandes mitos televisivos fue el de la niña con la mermelada, su amiguito el perro y Ricky Martin encerrado en el armario para dar el sorpresón.

HERM MEMELADA NACIONAL

‘Meme-lada’ Nacional (HERM)

Llevándolo al campo político, el reparto de papeles de los actores de aquel mito quedaría entre nuestros políticos tal que así. Pedro Sánchez, al que se le ha encargado la función de formar Gobierno tras la negativa de Mariano Rajoy, sería la niña que se untaría la mitad de su fortalecido torso con una mermelada de fresa bien roja para llamar la atención de la izquierda de Podemos, mientras que en la otra mitad de su cuerpo se pondría la mermelada de melocotón para el centro-derecha/liberales de Ciudadanos.

En el papel de perros, que se acercarían a la niña para lamerle la mermelada, tendríamos a Pablo Iglesias, al estilo de un yorkshire con su moñito, muy mono para los que tienen unas convicciones de la izquierda tradicional y fue el primero en ofrecerse a la querida niña para una España de progreso, su ladrido es retransmitido por todas las televisiones y aunque en los últimos meses, los medios de comunicación han analizado algunas heces de esta raza, la niña (Pedro Sánchez) lo ve con una cara oscura y con una agresividad capaz de quitarle la mermelada a bocados y eliminar a la inocente niña.

El otro perro sería Albert Rivera, un pastor alemán, fuerte, manso ante la niña pero con una ideología liberal de centro derecha cuando le tocas el rabo, fue el primero en acercarse a la niña para lamer su sabrosa mermelada. A la hermana mayor de la niña, que tomará las iniciales de S.D. le gusta este perro porque ella tiene uno en casa y le ha dicho que se deja querer.

Por último, y no menos importante, está el papel de Ricky Martin. En este caso, interpretado por Mariano Rajoy, que agazapado en el armario busca ver cómo se va a desarrollar la escena de la niña, quién va a atacar primero y cuál es el perro favorito de la niña, y aunque incómodo en el armario (ya que está un poco desordenado: un caloret por aquí, un ‘sé fuerte’ por allí) quiere salir a escena y mostrarle su mejor canción a la niña y al pastor alemán, mientras el yorkshire se acerca a él con su ladrido característico entonándole La mordidita.

El final de la escena no os lo puedo adelantar hasta el 2 de mayo o puede que estos meses solo hayan sido mitológicos, pero no se preocupen porque os aseguro que habrá ¡Sorpresa, sorpresa!