Mientras la “multiorgánica” Secretaria General Cospedal y otros dirigentes de primer orden del Partido Popular celebraban un mini-congreso para nombrar al nuevo líder de los “cachorros peperos” (su antecesor en el cargo ya ha dejado el listón alto involucrado en varios asuntos judiciales), en Madrid los enanos del circo popular daban un tremendo estirón. 

Un nuevo y escandaloso caso de corrupción política ve la luz y esta vez afecta directamente a la cúpula del partido.

Ignacio González, Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre. CANARIAS AHORA

Ignacio González, profundamente vinculado familiar, personal y laboralmente en el ADN del Partido Popular, da con sus huesos en prisión al imputársele prácticamente todos los delitos que comúnmente se denominan “corrupción política”.

Mientras, Esperanza Aguirre se ve obligada a dimitir por tener a todos los que han sido su mano derecha en prisión. ¿Habrá puesto sus barbas a remojar?

La otra baronesa del PP de Madrid, Cifuentes, es la más rápida y vehemente a la hora de intentar desvincularse de lo sucedido, publicando compulsivamente tweets en los que niega la mayor, pero que inducen a pensar que “explicatio non petita, acusatio manifiesta”.

Claro, que uno no sabe si son mejores los excesos de redes de Cifuentes o el encierro en el baño de la Moncloa de Rajoy.

Una lectura somera y liviana del Código Penal, aprobado durante el mandato popular, nos empuja inexorablemente a plantear en nuestro cerebro como posible la propuesta de disolución del PP.

La dimisión o expulsión de los imputados, (investigados), no hace que desaparezca la responsabilidad de un barco que navega en un océano de impunidad dejando a cientos de náufragos en el agua, antaño timoneles.

PABLO CAMBRONERO & SILVIA BORDERÍAS

Licenciado en derecho y Licenciada en Humanidades. Sevilla/San Cugat del Vallés/Madrid.