Tan sólo la extrema izquierda en España plantea una negación clara de la Constitución y, como no podía ser de otra manera, sólo en cuanto al Título II relativo a la Corona y al archiconocido artículo 135 de estabilidad presupuestaria (es lo que tiene el marxismo-leninismo).

Sin embargo, haciendo una lectura rápida de la Constitución me nace un análisis y evaluación simplista de la regulación constitucional del Poder Judicial reconocido en el Título VI de la norma suprema. La valoración que hago parte, en mi modestísima opinión, de la formación contaminada tanto del órgano de Gobierno del poder judicial llamado Consejo General del Poder Judicial, como de la composición del Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, derivados en parte de aquel.

Viñeta publicada en ‘Con la oreja roja’

En cuanto al Consejo, como órgano de gobierno en el poder judicial, se parte de la base de que su composición está profundamente enraizada en los intereses políticos de los grandes partidos, no en vano la totalidad de sus vocales son elegidos por ambas Cámaras de nuestras Cortes. Su Presidente es el Presidente del Tribunal Supremo, y éste a su vez lo será precisamente por propuesta del CGPJ.

Es decir, que el Presidente del órgano jurisdiccional más alto en todos los órdenes de nuestra justicia es seleccionado por un Consejo que éste presidirá y cuyos miembros lo son por obra y gracia de las mayorías parlamentarias.

En cuanto al garante último de los derechos fundamentales de los ciudadanos, el Tribunal Constitucional, la contaminación política aún se hace más evidente. Sus 12 miembros son elegidos 4 por el Congreso, 4 por el Senado, 2 por el Gobierno y 2 por el CGPJ, es decir, que no hay un miembro de este Tribunal que no esté profundamente vinculado al poder ejecutivo y legislativo.

Aún hay quien se extraña de los tejemanejes políticos a la hora de influir en los procedimientos judiciales en tramitación y en los que están por venir.

¿Adivinan quién elige al Fiscal General del Estado? En esto ha quedado la separación de poderes. Si Montesquieu levantara la cabeza…