¡Que se vayan! Esa es la típica frase del español/a medio/a, ignorante, iluminado/a que no sabe o no quiere reconocer que España necesita de Cataluña y Cataluña necesita de España.

Queda poc(1-O) más de una semana para deshojar la margarita; y el juego de ‘me quiere o no me quiere’ tiene todavía unas cuantas hojas que arrancar (me temo que hay algunas perennes). Este querido pasatiempo está evolucionando del “y tú más” al de “pisar cabezas” (y requisar propaganda electoral), un total descontrol incapaz de ser controlado tanto por una parte como por la otra. Y mucho menos solucionarlo.

Partamos de la base, como premisa, de que España es un Estado social y democrático de Derecho, que tanto los ciudadanos como los poderes públicos estamos sujetos a la Constitución y al ordenamiento jurídico; más, en nuestra Carta Magna no existe artículo alguno que establezca un procedimiento de referéndum. Por tanto, la suma es fácil, cualquier acto (convocatoria de un referéndum) o disposición (Ley de transitoriedad, etc…) en contra de los intereses tanto de España como de sus ciudadanos dentro del marco constitucional es inconstitucional. No lo digo yo, lo dice con una base jurídica (Ley orgánica) el Tribunal Constitucional. Y no hay nada más importante en un país democrático que una garantía, y esa es la ley.

Ahora bien, y siempre dentro de un marco jurídico (sin saltarnos esa garantía que es la ley), en el mundo jurídico y político dos y dos no son cuatro, cada uno interpreta como le interesa. Lo que empezó como un conflicto político (por no llamarlo económico) está pasando a ser un problema social de ruptura tanto en España como en Cataluña. La sociedad catalana se encuentra bombardeada día y noche con el tema independentista (que si “ens roban”, que si “sol poble”), siendo tema tabú cuestionarlo, viviendo en un clima de miedo, intimidación e incertidumbre ante represalias. Sus políticos, haciendo clase de su populismo, vendiendo la utópica y mágica república catalana, luchan más por ser mártires que por lo que se creen que le encomienda la mayoría de la ciudadanía catalana (o lo que ellos creen que es la mayoría).

Ante esta coyuntura, ¿qué hacen Gobierno y Cataluña? Pues mirar para lados opuestos. ¿Son conscientes de la gravedad de la misma? Parece que no. A cada acto del uno se encuentran una respuesta enrabietada del otro.

¿Solución? Si en un momento no se fue capaz de atajar el problema, dialogando, escuchando y respetando (con condiciones), pocas soluciones quedan. Desafiar y saltarse la ley no está dentro de ellas, imposición y pragmatismo tampoco.

Lo mismo la solución es ser responsables, sentarse, marcar unos puntos rojos, negociar… Vamos lo que viene a ser “hacer política”, que parece que ni está ni se la espera. Lo mismo la solución es explicar y concienciar a los ciudadanos y ciudadanas por qué no deben participar en este referéndum y de cuáles son las consecuencias de su salida de España y por consiguiente de la Unión Europea. De lo que no hay duda es que el “¡que se vayan!” no es la solución.

FRANCISCO MANUEL RUZ

Licenciado en Derecho. Opositando para los Cuerpos de la Administración de Justicia. Colaborador del Expreso del Sur.