Autopromoción continua. Hambre de aprobación, de atracción, de no pasar desapercibidos ante personas representadas en pequeños espacios de una gigantesca red digital social. Quizás sea esta una nueva forma de relacionarse, tal vez pueda llamarse adicción o acertaría más al identificarla con sus consecuencias, aislamiento de lo real.

redes-socialesLa voracidad de recibir aprobaciones es directamente proporcional a la dependencia que generan esas nimias muestras de afinidad que se reciben y otorgan mecánicamente, incluso sin ningún tipo de intencionalidad de quienes las emiten.

Incluso hasta este pequeño escrito sólo tenga ese fin. Lo bueno o malo que sea se verá en la cantidad de “me gustas” que reciba, tanto si eso es consecuencia de su lectura como si no.

Ya emprendidas las acciones oportunas para desaparecer de las voraces redes sociales sigo sin estar libre de la contaminación que ejercen sobre la vida en la sociedad del siglo XXI. Vivimos presos de la firma de contratos rubricada con un “click” que nos priva de aquello que decidimos publicar. Políticas de contratación redactadas por los equipos jurídicos de los lobbies más poderosos del planeta repletas de cláusulas abusivas que firmamos inconscientemente mientras nuestra psique se alimenta de las nimias muestras de afecto que cuidadosamente estas redes ofertan.

PABLO CAMBRONERO

Licenciado en Derecho que trabaja en el ámbito policial. Mi afición desde los siete años es escribir sobre cualquier tema que me ronde. Colaborador de Expreso del Sur.