Las playas de Cádiz, junto a las de Huelva, receptoras del éxodo estacional sevillano, mueren y renacen de forma periódica y por causas naturales y no tan naturales.

En esta ocasión me ha tocado ser testigo de la resurrección de las playas de Rota, en forma de grandes excavadoras y unos gigantescos tubos metálicos cuya utilidad no alcanzo a imaginar, pero parece que en ellos llegará la arena necesaria para que la playa siga siéndolo. Con esta maquinaria pesada conviven los aguerridos turistas entre los que me encuentro. Una playa de más de 60 metros se convierte en una de 10 donde nos apelotonamos como sardinas en lata y de vez en cuando ameniza la sesión de mar y arena un berrido negro de una excavadora gigantesca.

 

Costa Ballena es el lugar más afectado por unas obras de mantenimiento prometidas para junio y ejecutadas con dos meses de retraso. Ahora es tiempo de daños y sobre todo de culpables. Las obras de repoblación de arena costaran la friolera de 2,5 millones de euros, (al cambio mas de 400 millones de “pelas”), y están provocando daños al causar molestias a prácticamente la única fuente de ingresos del lugar: el turismo estival.

Al parecer el Organismo central encargado de dar luz verde al proyecto retrasó su resolución y eso supuso que todo se prorrogara hasta precisamente agosto, difícil hacerlo peor.

A veces uno se pregunta si hacer las cosas así de mal provoca despidos o al menos broncas entre los responsables, aunque creo, con buen criterio, que es mucho más sencillo culpar a los demás que ejercer y ejecutar la propia responsabilidad.

 

PABLO CAMBRONERO

Licenciado en Derecho que trabaja en el ámbito policial. Mi afición desde los siete años es escribir sobre cualquier tema que me ronde. Colaborador de Expreso del Sur.