Comenzó el nuevo año y con él, un período de enorme relevancia para España, para el conjunto de su gente y ciudadanos, que son quienes han decidido libremente en una democracia madura las personas que gestionarán el país los próximos años.

Un país que poco a poco ha invertido su tendencia de crecimiento a valores positivos, la inversión extranjera ha mejorado considerablemente y la prima de riesgo se encuentra en niveles moderados y controlados, sin perder de vista un déficit acordado y establecido por Europa y que se encuentra a merced de como este país y el conjunto de sus regiones evolucionen, no pudiendo decir lo mismo de una deuda pública que alcanza niveles elevados y cuya solución, si existe, requiere de un análisis más profundo y exhaustivo. Sin duda, el año pasado está marcado por la caída significativa del precio del petróleo, unido a unos tipos de interés que han alcanzado mínimos históricos, lo que ha originado una mejora del poder adquisitivo, redundando en un mayor consumo privado por el incremento del ingreso disponible de los consumidores.

El menor precio del crudo ha producido en mayor o menor medida una liberación de renta a los hogares, permitiendo un mayor gasto en otros productos, favoreciendo la demanda y contribuyendo a recuperar la competitividad española perdida frente al resto de la zona euro años atrás. Para superar y hacer frente a lo que los economistas denominamos “La Gran Recesión” (aquella cuyo aviso y desencadenante fue la caída de Lehman Brothers hace ocho años, la mayor crisis financiera mundial desde el crack del 29) consideramos que el futuro de España debe caminar hacia una mejora de la competitividad y un mayor dinamismo económico, con una renovación y cambio del modelo productivo, puesto que no podemos confiar el crecimiento sólido en sectores muy concretos.

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Hay que crecer y avanzar con una diversificación sectorial, sobre la base de una industrialización que ponga en valor como piedra angular la investigación y el desarrollo (I+D) para afrontar y superar nuevos retos y desafíos con un activo de primer orden como es una sociedad formada, tratando de ganar terreno a un problema estructural como es el inmenso desempleo que asedia al país. Es vital para superar en los próximos años la recesión, crear y originar riqueza con el objetivo de conseguir una sociedad más equitativa e igualitaria social y económicamente, con una redistribución y desarrollo equilibrado, mejorando en los hogares para que el consumo doméstico (nacional) contribuya al avance. No hay que olvidar que España es rica por su diversidad, conformándola diecisiete territorios singulares, siendo cada uno de ellos parte de todos, ya que pertenecen a un mismo cuerpo-nación, y ahí a todos y a cada uno de los españoles les corresponde decir algo. En cuanto al ámbito internacional, se está actuando positivamente con un incremento cada vez mayor de las exportaciones, estando presente en lugares y mercados cada vez más distantes. Donde años atrás era una utopía llegar por parte de las empresas españolas hoy ya se establecen y comercializan sus productos con una mayor especialización, causado por la necesidad de salir al exterior fruto de una caída de la demanda interna y por consiguiente una reducción de la rentabilidad empresarial. Pero sin duda uno de los principales retos que el mundo y en especial occidente y sus gobernantes deben hacer frente con la mayor eficacia y contundencia es al terrorismo yihadista, porque es una lacra que no tiene límites y ahí los estados deben ser unánimes, llevando a cabo una política y actuación firme y unida que vele y resguarde ante todo la seguridad ciudadana y por tanto lo más importante: la vida humana.

Un nuevo escenario político se abre paso en España, donde la forma de gestionar tendrá como pilares fundamentales la cooperación, colaboración, aportación y conversación plena y mutua ya que como bien afirmaba el estadounidense (Premio Nobel de Economía) Milton Friedman: “sólo una crisis, real o percibida, da lugar a un cambio; cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente“. El espectro dibujado tras las elecciones del pasado 20 de diciembre, con una gran diversidad de propuestas, pone en valor la búsqueda y logro de acuerdos en los asuntos y temas de país, entre todos y cada uno de los representantes que han obtenido la confianza de los españoles. Es necesario contar con actuaciones que promulguen la sensatez y el compromiso en favor del interés común – general, la serenidad y la credibilidad interna y externa, abandonando lo propio y partidista, buscando la convergencia de Estado por el bien de la ciudadanía. Nos encontramos ante tiempos nuevos, donde la democracia debe ser más que nunca participativa, consensuada y constructiva, buscando la gobernabilidad y estabilidad, porque de lo contrario las decisiones serán evaluadas antes de tiempo en las urnas, decidiendo nuevamente quienes serán los gestores de nuestro país.