Cuando el Ministro de Industria José Manuel Soria apareció  en las informaciones vinculado a una red de empresas ubicadas en paraísos fiscales con el claro fin de burlar a su colega Montoro, sus intervenciones dejaron de manifiesto su escasa capacidad para mentir y ser creíble. Hasta tres intervenciones públicas protagonizó mientras se hacían públicos datos que le dejaban por mentiroso minutos después de sus imaginativas explicaciones. Evidentemente, ello le costó el puesto una vez agotada ya la legislatura, pero esa dimisión no implicaba su desaparición, ya se veía venir que esa renuncia fue consecuencia de una reunión con los barones populares en las que las prebendas hoy se hacen hechos.

expreso del sur soria

Miguel Ángel Soria, en una imagen de archivo cuando era ministro

Hoy, que ese espinoso asunto se oculta tras la inverosímil situación política, el Gobierno en funciones le otorga lo convenido en aquella reunión: el Banco Mundial. Cospedal, con su habitual desfachatez, defiende el nombramiento diciendo que Soria cumple con los requisitos y le considera  muy adecuado al puesto,  pues ostenta la condición de funcionario y tiene la formación precisa. En esto último estoy muy de acuerdo, creo que Soria conoce perfectamente cómo mover capitales y burlar la fiscalidad de cualquier país, y ello le hace poseedor de unas prácticas impagables para su futuro puesto en el Banco Mundial. Probablemente consiga aumentar los beneficios de esta entidad, entidad que nadie sabe a qué se dedica exactamente.

Los populares, henchidos de un triunfalismo que les hace creerse invulnerables, continúan con sus puertas giratorias y sus favores, favorecedores y favorecidos. Ello tiene su explicación en un compulsivo y patológico apoyo en las urnas, urnas que parecen obviar todo lo que han sido capaces de hacer por y para sus egoístas intereses.

Es evidente que los que ahora dirigen las filas populares ya formaban parte de la organización que hoy está siendo investigada por casi todos los delitos que se pueden consumar en política, y ello hace que lleguemos a comprender el porqué de esos comportamientos manifiestamente antidemocráticos.

Si la explicación oficial al premio ofrecido de Soria es la que Cospedal defiende en rueda de prensa, va a tener mucha gracia escuchar como lo defiende el grupo popular en sede parlamentaria,  continuando así  con el circo en que parece haberse convertido el hemiciclo.

¿A qué punto de indiferencia ha llegado la ciudadanía española para no lograr condenar o castigar en urnas hechos que, de ejecutarse en cualquier otra democracia implicarían como mínimo la repudia de la población? Es ciertamente sorprendente la capacidad del pueblo español de soportar estoicamente las constantes informaciones sobre corruptelas políticas, hasta el punto de protagonizar masivos apoyos electorales a partidos que días antes aparecían en prensa como bandas delictivas organizadas.

Muchas son las teorías que intentan explicar los resultados  electorales de los comicios celebrados en España. Unos dicen que quizás venga de tiempos en que españoles mataban y morían obligados a posicionarse en dos bandos armados escondidos y amparados por ideologías contrapuestas. Otros hablan de extrañas teorías de dominio de masas consistentes en mecanismos de control diluidos en el agua o el aire que obligan a los votantes a seguir mostrando su apoyo a dos fuerzas políticas. Los hay que afirman que llevamos impreso en nuestro ADN esa tolerancia con el pícaro o el ladronzuelo, y las manifestaciones de apoyo a estos partidos no son sino manifestaciones de esa naturaleza. Una de las últimas teorías afirma que el partido más votado lo ha sido por el miedo a un partido que parecía traer el caos o la destrucción del país, es decir, se votó al PP para que Podemos no tuviera ninguna posibilidad de gobernar.

Sea como sea, parece que es la primera vez desde la transición que una cantidad notable de españoles muestran afinidad por partidos políticos que suponen algo diferente a la sucesión de gobiernos entre los dos partidos símbolo del espíritu de la situación política del siglo XX. Debido a este cambio, los instrumentos de nuestro modelo institucional han sido incapaces de solventar una situación en la que se ha impuesto tácitamente una obligación de establecer pactos políticos, pactos para los que sólo los de Ciudadanos parecen estar mentalizados, y sin embargo asoma en el horizonte la posibilidad de la celebración de terceras elecciones.

En estos tiempos de cambios en las afinidades políticas de la ciudadanía española, el asunto del nombramiento del ex Ministro de Industria para el Banco Mundial no es sino otra gota de agua en un océano de motivos por los que escarmentar judicial y electoralmente a quienes han convivido y se han beneficiado de la gestión de auténticos delincuentes.