Pedro, ese mártir socialista henchido de la todopoderosa fuerza del victimismo, tenía pasteleado un gobierno con los afines al terrorismo, con aquellos que abrazan a políticos que antes celebraban cada muerte de un inocente con champán francés, con los que quieren levantar un muro de odio entre ciudadanos que han convivido en paz hasta ahora. La prueba estriba en los paños calientes y la evidente afinidad que muestra con todos ellos y sus pretensiones políticas.

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Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se saludan hace unos meses en el Congreso

A pocos días de la decisión del PSOE de abstenerse y permitir un gobierno en minoría del PP, y sobre todo después de oír al cuasipodemita Sánchez, me ronda la idea de que fue una decisión a la que España tiene mucho que agradecer, pues de haberse materializado el gobierno pretendido por Sánchez, quizás en poco tiempo nuestro país hubiera sido otra cosa muy diferente. Con total certeza algo mucho más indeterminado, voluble y débil.

No seré yo el que ensalce el buen hacer de los socialistas, máxime cuando no tengo dudas de sus torpezas políticas, pero quizás sea de destacar su responsabilidad a la hora de tomar la incomodísima decisión de permitir el gobierno de su máximo rival, (cuyas deficiencias pueden incluso ser mayores que las de su grupo), en pro del mantenimiento de nuestra democracia. Quizás han sacrificado un partido para que siga habiendo liga, pues con otros equipos mandando, el peligro de desaparición de la competición es público y notorio.