Nací en sociedad y fui educado en el sometimiento a las normas tácitas y expresas de una joven democracia que luchaba por hacerse mayor y superar viejos odios codificados en su adn.

expreso-del-sur-sociedadEn esta sociedad, siempre se fomentó la libre competencia meritoria para el establecimiento futuro de las diferencias de modelos de vida entre mis iguales, pero siempre con el yugo del respeto a unos valores inamovibles que aparentemente estaban representados en unas instituciones democráticamente constituidas.

Pero ya llegada cierta edad la realidad se mostraba mucho menos idílica, pues las instituciones parecían contrarias a los valores a las que yo las creía ligadas. La idoneidad personal no conducía necesariamente al éxito, de hecho, no eran pocas las ocasiones en las que se desligaban totalmente ambos conceptos.

En la actualidad nuestro modelo social se halla en una situación más que delicada. La credibilidad del sistema se desploma por quienes han dirigido sus designios de forma más que indigna, aquellos que han visto en el modelo democrático su oportunidad para procurarse una vida mejor a costa de la confiada colectividad. Ese y no otro es el motivo de que hoy nos enfrentemos a una crisis de identidad social que envía a quienes consideran al modelo democrático como el menos malo al más oscuro mundo de la duda del sofá de casa mientras aquellos que odian el sistema protagonicen con orgullo todos los actos de lucha pública.

El concepto de pertenencia social puede ser el principio y fin de la pacífica convivencia, pero su crisis es fuente de las peores atrocidades.

PABLO CAMBRONERO

Licenciado en Derecho que trabaja en el ámbito policial. Mi afición desde los siete años es escribir sobre cualquier tema que me ronde. Colaborador de Expreso del Sur.