En los años noventa y hasta el 2009 no había un verano que los niños y niñas no nos pusiéramos delante de un televisor para ver el Grand Prix, ese programa presentado por el conocidísimo Ramontxu y más tarde por un tal Bertín Osborne, aunque su apellido pueda llevar a la confusión no era de los que perseguían a concursantes en el ruedo.

Este programa daba el pistoletazo de salida al calor veraniego y qué mejor que superarlo a base de pruebas para que la España profunda y provinciana se diese su golpe de pecho al enfrentarse a otros pueblos con pruebas practicadas con anterioridad en algunas de sus fiestas y ferias.

Nuestra generación ha concursado en una “patata caliente” en la que todos sabíamos las preguntas y teníamos a muchas personas esperándola hasta que en 2007 decidió explotar y ahora parece que somos nosotros los que nos sometemos a pruebas constantes para demostrar nuestra valía o nuestros conocimientos, ahora debemos escalar “la cucaña“ para finalmente conseguir el jamón tan ansiado.

Así, muchos de esta generación ven el futuro como un camino de “troncos locos” donde escurrirte supone caerte al agua de las incertidumbres. El primer tronco es la Selectividad, que cada año cambia los criterios y la forma; el segundo, la nota de corte de las universidades para poder entrar donde quieres y, por último, el esfuerzo personal y familiar que supone costear una carrera universitaria.

Cuando te has graduado tienes que saltar al ruedo para enfrentarte al mundo laboral que te exige dos másteres y dos idiomas si quieres escapar sin ningún revolcón del sistema laboral español, el cual siempre tiene la suerte de ser indultado, mientras los concursantes viven en unas prácticas eternas.

Una vez que has entrado en el mundo laboral, alrededor de los treinta años, llegan “Los bolos” y el mismo sistema laboral te dice que la conciliación familiar te puede volcar, te dice que si eres mujer es probable que no rompas tu techo de cristal y la pelota te deje por los suelos o que para pagar la hipoteca tengas que pasar por el aro de todo lo que requieran de ti esquivando la pelota para no ser derribado o desahuciado.

En conclusión, nuestra generación, la que cada verano ansiaba poner la televisión para ver las pruebas que le esperaban a los osados concursantes, es la que se enfrentará a la primera prueba: la recién estrenada EBAU (Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad); recordad, será la primera de muchas pruebas a lo largo de vuestra vida de estudiantes. Después debéis salir a una plaza llamada mundo laboral, donde hay demasiadas vaquillas dispuestas a cornearte y muy pocos valientes.

¡Feliz verano!

ALICIA GALISTEO

Politóloga. Cursando el Máster de Comunicación, Sociedad, Cultura y Política. Colaboradora de Expreso del Sur