Se activa el mecanismo de desconexión del Reino Unido respecto a Europa. Y los británicos, como británicos que son, intentan hacer de su capa un sayo y huir de la Unión Europea con toda la cobardía del mundo y manteniendo todos y cada uno de los privilegios que ya tenían a cambio de casi nada.

Reino Unido siempre nos ha tomado por imbéciles, y esta ocasión no es diferente. Pretenden negociar de antemano los términos de su salida de la Unión Europea, estableciendo una hoja de ruta que garantice su posición privilegiada de importador/exportador preferente, para que su economía no note este escupitajo que chorrea en las caras de tonto de sus principales clientes: los europeos. Para colmo, pretenden que Gibraltar siga siendo lo que ha sido hasta ahora: un paraíso fiscal a su antojo en ese sur de Europa que tanto desprecian (y que lo sigamos consintiendo sin decir ni mu).

Pero al fin las instituciones de la Unión Europea se muestran inflexibles e imponen acordar los términos de la salida de los británicos en primer lugar y, a posteriori, una negociación de la futura relación entre ambas partes, en la que España tendría capacidad de veto, clave para la posible recuperación de nuestro querido Peñón.

Ellos, ofendidísimos, acuden incluso a la amenaza bélica al estilo de las Malvinas como medida de coacción o de presión a la Unión Europea. Si es una muestra del “especial” humor inglés, esta vez no ha tenido gracia.

Reino Unido es el ejemplo vivo de los efectos que una idea ridículamente falsa puede tener si es repetida hasta la saciedad. No anda muy lejos el espinoso asunto de la secesión catalana. Tanto y tan intensamente han repetido los políticos secesionistas las burdas justificaciones victimistas, que han llegado a calar en un amplio sector de la población de aquella comunidad autónoma, y así nos luce el pelo.

Evidentemente Europa es un negocio; un negocio que interesa a ricos, pues garantiza clientela a sus productos, y es un negocio que interesa también a pobres, pues estos reciben ayudas para convertirse en fuente de consumo para que los ricos puedan seguir produciendo y enriqueciendo sus bolsillos sin fondo. A quien no debe resultarle atractivo este negocio es a aquellos que desprecian los sacrificios soberanos para intentar engañar a quienes consideran inferiores.

Ah, y ¡Gibraltar español!