Aprovechando que se celebraba la gala “TheBest” y poner colofón a este año tan cristiano en lo futbolístico, la FIFA ha acordado llevar a cabo algo que se venía pensando desde hace tiempo: aumentar el cupo de selecciones participantes en el próximo Mundial de 2026, pasando de 32 a 48 selecciones.

expreso del sur infantino

Infantino, en un acto reciente de FIFA

La FIFA, que no tiene mucho que envidiar a un partido político, o más bien el Presidente Infantino, va a cumplir una de las promesas que le llevaron al cargo el pasado febrero, y es que dará mayor cupo de selecciones a todas las confederaciones, premiando a las que tenían menor número. Infantino, famoso por ser el de las bolas (¿Calientes?) del sorteo de la Champions, conocedor del mundo orgánico futbolístico como pocos, sabía que el dinero y poder están cerca de su despacho en Suiza pero que para ser presidente de la FIFA el voto de la federación de Burkina Faso vale igual que el de la FA inglesa. Y se presentó como el Presidente de todos, el que llevaría el fútbol a todos los rincones y el que limpiaría la corrupción del organismo; parece que cumple con sus promesas, pero claro, no siempre llueve a gusto de todos.

Por un lado, las confederaciones menos relevantes podrán mandar más selecciones al Mundial y se abrirá la competición a selecciones que poca o ninguna presencia han tenido en la competición. De hecho, gente como Maradona o Eto´o ya se han pronunciado a favor de la medida.

Pero como si una pugna entre ricos y pobres se tratara, las ligas europeas, como la LFP, se están pronunciado en contra. Para las competiciones europeas, más selecciones en una Copa del Mundo implica que sus clubes tendrán que soltar antes a sus jugadores, más partidos con las selecciones y competiciones más comprimidas, en otras palabras, perderá a los jugadores que sus clubes pagan en favor de las selecciones, casi que a cambio de nada y aumentando el perjuicio para ellos (lesiones o sanciones como Luis Suárez en Brasil 2014). Lo cierto es que, en ningún caso, ninguna selección jugaría más de 7 partidos, tal y como pasa ahora.

Luchas aparte, la que gana es la FIFA. Más selecciones implica más partidos (pasando de 64 a 80) por tanto más ingresos por los derechos de televisión, más ingresos en “merchandising” (los asiáticos también tienen balcones para poner banderas, no solo pasa en Cataluña…) y una mayor expansión de la marca FIFA a nivel global. Pero, siendo realistas, también le da un buen lavado de imagen, que falta le hacía después de Blatter.

A todo esto, parece que no hay ningún riesgo. Siempre se puede colar alguna Tahití, como en la Confederaciones de 2013, pero el diseño de la competición tiene más pinta de servir de fogueo a las selecciones más potentes y brindar la oportunidad a las más pequeñas de participar que de permitir el paso a selecciones que devalúen la competitividad y reste interés a la competición.Aun así, haría bien la FIFA en aprender repostería para evitar posibles “Biscottis”.

En cuanto a nosotros, los espectadores, tenemos más motivos para ser felices absortos viendo la fiesta del fútbol. Esperemos que no pongan ninguna elección y el fútbol nos impida ir a votar.

MANUEL NAVAS

Politólogo. Me gustan las camisas de 11 varas, de ahí que empezara a estudiar Derecho y Master en Derecho Deportivo. Colaborador de Expreso del Sur.