Como prueba indeleble de la obsolescencia programada de una Cámara legislativa que conserva los agujeros de bala de una pretensión tres décadas y pico atrás frustrada, ayer los representantes políticos del pueblo protagonizaron escenas casi cómicas mientras se debatía de nada menos que los presupuestos generales del Estado.

Alguno de los Diputados vio como al ocupar su escaño, (tras varios meses de ausencia), las termitas habían merendado sus sillones. Unos cuantos tuvieron incluso que votar de pie. Esta anécdota, que no pasa de eso, se acumula al auténtico caos desatado en las votaciones de las diferentes partidas.

Decenas de errores y la ya habitual división socialista casi ponen en peligro la aprobación de partidas presupuestarias importantísimas para los ciudadanos y los servicios públicos que financian. Da la sensación de que cualquier cosa es posible en nuestro Congreso.

Cierto es que la ciudadanía está especialmente susceptible con la labor de sus representantes políticos (no exentos de motivos), por ello comprobar que algunos yerran a la hora de apretar el botón decisorio molesta e indigna en igual medida al circo en que intentan convertir este hemiciclo los morados y sus afines.

“La humanidad tiene una moral doble: una que predica y no practica, y otra que practica y no predica”. Russell.

PABLO CAMBRONERO

Licenciado en Derecho que trabaja en el ámbito policial. Mi afición desde los siete años es escribir sobre cualquier tema que me ronde. Colaborador de Expreso del Sur.