Evito la sal, huyo de las “grasas trans” (sean lo que sean), hago deporte, bebo agua mineral embotellada, no bebo alcohol, no fumo, si pasa un bus con una humareda negra intento no respirar hasta que se difumine, se qué alimentos son los adecuados para combatir enfermedades y hasta he aprendido qué demonios es el amianto. Vamos, que lucho día a día para durar cinco minutos más.

expreso del sur opinión epicuroVivo enfermo, pues soy consciente de cada cosa que puede provocar cáncer, de hecho esta enfermedad, auténtica epidemia del siglo XXI, domina mi vida y afecta a cada cosa que hago.

Estoy enfermo, pues vivir obsesionado en evitar algo te hace precisamente vivirlo como posible e incluso buscado inconscientemente.

¿Cien años de privación o 60 de natural hedonismo? Siempre hemos vivido con la impronta de la fábula que nos explicaba que debido al jodido mordisco de la manzana deberíamos sufrir por y para conseguir algo en nuestra miserable vida. ¿Qué habría pasado si en los grandes libros se nos hubiera impuesto la obligación de disfrutar de nuestros instintos y apetencias?, ¿hubiera sido viable y sostenible un modelo social en el que la frustración no dominara nuestra esencia?

Un mundo en el que los humanos hubiéramos sido una especie animal más dedicada solamente a sus instintos desde luego sería diferente, pero quizás quepa preguntarse si ese mundo sería más o menos respetuoso con nuestra esencia y coherente con la naturaleza del planeta (quizás y con poco mucho más que la evolución que hemos seguido).