Nunca un instrumento parlamentario tan serio como la moción de censura se usó con tanta frivolidad (ni siquiera Hernández Mancha). Y es que la frivolidad de los camisetistas, pancartistas y escrachistas de Podemos no conocen límites.

Presentar una moción de censura para única y exclusivamente recordarnos que Pablo Iglesias existe y su discurso continúa siendo exactamente el mismo no creo que fuera ni necesario, ni constructivo. El candidato propuesto llevaba un exhaustivo listado de las causas abiertas contra miembros y ex miembros del PP y unas 11 propuestas de las que 7 ya se están tramitando (a pesar de Iglesias y los suyos).

A los que hablan de cal viva, de orgullo al ver agresiones a policías, del luto cuando murió Chaves (ese gran “demócrata”), de partirle la cara a los fachas (léase facha como todo aquel que no comulgue con su confesado comunismo), el que habla de portar armas como instrumento democrático invencible, etc… les duele muchísimo que un portavoz de otro grupo mencione la relación que mantiene Iglesias con la recién nombrada Portavoz del Grupo. Una boca muy sucia y una piel muy fina, finísima.

Lo que después hemos sabido es que este circo lo único que pretendía era un ritual de apareamiento político entre el representante de Sánchez en el Congreso e Iglesias. Esta danza ha sido llamada por tanto socialistas como podemitas “un acercamiento o pretensión de unión de la izquierda española” que tiene el único objetivo desbancar al PP del Gobierno. Las propuestas ni están ni se las espera.