Ahora que tocamos con la punta de los dedos 2017 y tras superar el cuñadismo y los vídeos de Álvaro Ojeda de Nochebuena y Navidad, afrontamos el cambio de año y lo hacemos desde la visión de que un ciclo ha terminado y que empieza otro nuevo.

Un ciclo histórico que nos lleva a pensar que la historia se puede repetir y que los extremismos están ahí, a punto de ganar democráticamente unas elecciones en Francia o alzando la voz desde Alemania con el odio que crea el miedo a lo desconocido, haciendo creer la superioridad europeísta por encima de los Derechos Humanos.

A mural of Donald Trump embracing Boris Johnson is seen on a building in Bristol, Britain May 24, 2016.  REUTERS/Peter Nicholls

Terminamos un año en el que hemos visto ganar unas elecciones a Donald Trump, íntimo de Putin, y amigo de las fronteras y de las armas, de esas que se disparan antes de preguntar, antes de un juicio, esas armas con las cuales la vida pasa a un segundo plano y las bravuconerías y los shows televisivos ocupan el primer plano de la vida política norteamericana.

Además este año, hemos visto como desde las urnas los ciudadanos han decidido rechazar el acuerdo de paz en Colombia con las FARC o como en las urnas le dieron la victoria al Brexit, situando a Gran Bretaña en el limbo de la incertidumbre y del conservadurismo más radical.

Y tras esto, cuesta no tener un dejavú, y es que tantas horas delante de los libros de Historia durante la etapa educativa, repitiéndote una y mil veces el profesor que esta asignatura se estudia para no cometer los mismos errores pasados, llega un momento que te ves en ese punto de partida a punto de caer en el abismo de la repetición de la historia, con una Unión Europea que cada vez cree menos en los europeos y más en los mercados, amenazada por la desintegración y por unos extremismos que basan su acción en el Dios de la barbarie.

También tenemos gobernando el mundo a alguien que le importa más un minuto de fama televisiva, diciendo alguna frase discordante con el sentido común, que el bienestar de su país. Tenemos un pueblo que con sus decisiones/votaciones pueden poner en el poder a líderes autoritarios -¿os suena esto?- y cada vez está más en alza la democracia del referéndum que trae una izquierda guiada por el nacionalismo, que cuando se mire en el espejo verá  una mínima parte de lo que fue.

Y de este modo, entramos en el 2017, con el renacer de una historia que ni aprendimos, ni nos creímos que se pudiera volver a repetir.

ALICIA GALISTEO

Politóloga. Cursando el Máster de Comunicación, Sociedad, Cultura y Política. Colaboradora de Expreso del Sur