En todas las épocas ha existido una preocupación por la moral, tanto a nivel individual como colectivo. Al hombre le interesa actuar buscando lo bueno, buscando el bien, aunque haya que pagar un precio en esfuerzo o en renuncia, pues el bien moral se presenta como más valioso. También porque a la larga resulta rentable, ya que se comprueba que el mal moral suele complicar la vida del hombre, aunque solo sea su conciencia.

En todas las épocas ha habido quien ha querido dejar una síntesis del buen hacer moral que concrete eso en lo que parece que estamos todos de acuerdo: que hay que hacer el bien y evitar el mal, o que no hemos de hacer a los demás lo que no querríamos que otros nos hicieran.

Pitágoras pasa en general por ser un matemático, pero era algo más. Fundamentalmente era filósofo, uno de los primeros de la historia, en una época en la que todo andaba un poco mezclado, y quienes cultivaban la filosofía también eran matemáticos y otras disciplinas más.

Dentro de ese saber no especializado, se atribuye a Pitágoras un código ético bastante elemental, pero perdurable y por supuesto, actual, en el sentido de que creo que nos debería servir de examen para vernos a nosotros mismos y juzgar cómo andamos de humanidad.

Quizá tenga especial interés porque tal código no viene del Papa o de ningún obispo respecto del cual quienes no se consideren cristianos puedan mostrar un prejuicio o al menos una reserva respecto de lo que quizá puedan entender como mandatos de una determinada religión que no practican.

expreso del sur Mafalda. susanita y sus prejuicios

Mafalda, Susanita y sus prejuicios.

Los siete principios morales de Pitágoras que conforman su código ético son estos: 1) Tener rectitud en los propósitos. 2) Practicar la tolerancia en la opinión. 3) Tener inteligencia para discernir. 4) Ser clemente a la hora de juzgar. 5) Cuidar la veracidad en palabras y actos. 6) Ejercitarse en la simpatía. 7) Buscar siempre el equilibrio.

Evidentemente, estos principios pueden ser entendidos torticeramente de modo que cada cual los invoque llevándose el ascua a su sardina, pero me parece que en la conciencia de cada cual hay un rescoldo de honradez que clama cuando se pretende desnaturalizar los principios éticos o morales.

Quizá Pitágoras quede algo lejos en el tiempo. Ayer precisamente recibí un whatsapp en el que se atribuye a Ghandi una frase de contenido moral que no tiene desperdicio. Puede ser que Ghandi no hiciera nunca esas afirmaciones, pero todo me da a entender que sí. La frase es esta, al ser preguntado por los factores que destruyen al ser humano: «La política sin principios, el placer sin compromiso, la riqueza sin trabajo, la sabiduría sin carácter, los negocios sin moral, la ciencia sin humanidad y la oración sin caridad».

Si Pitágoras era extraordinario, Ghandi es insuperable. No estamos hablando de individuos católicos, sino de quienes oyen al corazón, en donde reside la conciencia y la recta percepción de la moral, con independencia de que se sea católico o no, aunque serlo, indudablemente, ayuda.

La moral ilumina la vida de la persona porque toda la conducta de esta tiene una dimensión moral.

Poco después de sacar el permiso de conducir, tuve un accidente en el que fui culpable y donde hubo un herido leve. Era el año 1978. Hubo juicio, antes del cual tuve que entrevistarme con el abogado de la compañía de seguros para plantear mi defensa. En la conversación tomé la postura de decir la verdad en el juicio, aunque me perjudicara, ante lo cual el abogado se extrañó y comentó algo así como «veo que tienes prejuicios morales», ya que él daba por supuesto que lo que había que hacer era mentir, aunque perjudicase a la otra parte.

Para mí, que hasta ese momento había tomado la mentira como casi un juego de niños, que se practicaba en ámbitos estudiantiles al mismo nivel que copiar en los exámenes, la actuación de ese abogado me impresionó por cuanto que ese juicio era una de mis primeras actuaciones como adulto en la que se desprendía una responsabilidad seria. La propuesta inmoral de ese abogado (que por supuesto, no seguí, y que me llevó a perder el juicio) es algo que no se me ha olvidado y que veo como paradigma de corrupción y de personas que nunca mejorarán el mundo en la medida en que ellos no están dispuestos a mejorarse a si mismos.

Seguir principios morales no es algo banal, y mucho menos propio de gentes acomplejadas o reprimidas. La moral, seguir el bien, es luz para quien actúa así y para los demás, y la única manera de hacer posible que este mundo sea algo más que una jungla en la que todos se den mordiscos a todos.