Cuando el Papa Benedicto XVI convocó a los cardenales el 12 de febrero de 2013 y leyó en latín su escrito de renuncia al pontificado, no se produjo apenas reacción en la sala a pesar de que hacía unos 500 años que no sucedía algo similar en la Iglesia. Esto quiere decir que pasó una de las tres posibilidades siguientes: A) Que los cardenales estaban distraídos o dormidos. B) Que los cardenales no sabían latín. C) Una mezcla de las dos anteriores.

LatínAunque el ser humano tiende al acostumbramiento y quien trata habitualmente a alguien constituido en dignidad, llega un momento en el que pierde el sentido de la dignidad de quien trata, vamos a suponer que no era ese el caso de los cardenales, al menos en un cierto porcentaje.

Eso quiere decir que probablemente los cardenales no sabían latín, lo cual es algo que no me extraña. Pienso que probablemente Benedicto XVI ha sido el último Papa en saber latín. Me remito a otro hecho. Como es sabido, inmediatamente de ser elegido un Papa, este celebra una Misa con homilía para los cardenales al día siguiente de la elección, antes del comienzo oficial del pontificado. En el caso de Benedicto XVI, la homilía de esa Misa, en abril de 2005, la pronunció en latín. Sin embargo, Francisco, en 2013, ya no la pronunció en latín, probablemente no porque no sepa latín, sino porque los cardenales, en su mayoría, quizá no sepan.

Fue el Concilio Vaticano II hace 52 años el que introdujo las lenguas vernáculas en la liturgia, pero dejando claro que la lengua oficial de la Iglesia, en la liturgia y como vehículo de comunicación, es el latín. El que no se lo crea, que lea la Constitución Sacrosantum Concilium en los puntos 22, 28, 36 y 54 y verá que lo que digo es exactamente así. Eso quiere decir que, masivamente, no se está cumpliendo esta disposición de la Iglesia, ya que si se cumpliera, la mayoría de las misas que se celebran, se pronunciarían en latín y no en las lenguas vernáculas, por lo que se ha tomado la excepción como regla.

Algo ha pasado o está pasando.

El Cura de Ars, a mediados del siglo XIX estuvo a punto de que no le permitieran ser ordenado sacerdote porque tenía verdadera incapacidad para aprender el latín. Al final, casi de chiripa, le permitieron acceder al sacerdocio, y en los cuarenta años siguientes demostró con su vida que el latín no era necesario para ser un sacerdote santo.

Casos como el del Cura de Ars ha habido muchos, y en estos tiempos en los que la Iglesia, como consecuencia del viento rejuvenecedor del Concilio Vaticano II, mira a sus orígenes y a lo que debe ser esencial en su mensaje, parece que el latín está ya en un segundo orden. Ni en los planes de estudio de la ESO ni del bachillerato, ni incluso en los planes de estudios de los seminarios, se da al latín la importancia que se le daba hace 50 ó 60 años.

Hay psicólogos que sostienen que existen dos disciplinas docentes de especial excelencia para lograr o mantener una cabeza «muy bien amueblada», que son las matemáticas y el latín. Esta aseveración puede comprobarse en determinadas personas adultas que practican el latín y el ejercicio de la matemática como una gimnasia intelectual de primer orden.

Pero aparte de ese argumento de salud mental, podemos recurrir a lo que podríamos llamar el argumento histórico, pues el latín fue hablado ininterrumpidamente durante los 8 ó 9 primeros siglos de nuestra era por todos los habitantes de lo que hoy llamamos Europa, y aunque dio paso a las lenguas romances, siguió en uso como lengua culta. Por ejemplo, el Discurso del Método fue escrito por Descartes en latín. Solo hace dos o tres centurias dejó de utilizarse en el último ámbito civil en que se utilizó: en el ámbito diplomático y de las embajadas.

Incluso hoy día en el que es una lengua «muerta», realmente no es una lengua muerta, porque existen muchísimos seguidores del latín, cuyo denominador común es el de poseer una formación cultural netamente superior a la media.

El latín no fue siempre la lengua oficial de la Iglesia, principalmente porque en la Iglesia primitiva tenían otras cosas más importantes en qué pensar que en designar lengua oficial. Durante varios siglos en la Iglesia se utilizó fundamentalmente el griego. La razón de ello está en que la latinización del imperio romano no fue cosa de un día, sino de varios siglos, lo cual en la parte oriental nunca llegó a conseguirse. El primer escritor cristiano en latín, Tertuliano, aparece a finales del siglo II, y prácticamente el latín queda extendido en la Iglesia cuando el imperio romano agonizaba. Todavía San Agustín, a finales del siglo IV, se quejaba de tener que aprender griego, posicionándose claramente a favor del latín, que entonces era la lengua de moda, como hoy puede serlo el inglés.

¿Por qué se adoptó el latín como lengua oficial de la Iglesia y por qué se ha mantenido así durante tantos siglos? Nos llevaría muy lejos responder a ello. Parte del argumentario está en que, tratándose de una lengua muerta, está menos sujeta a variaciones que pudieran hacer perder en el futuro los significados que hoy ofrece, siendo esa estabilidad muy deseable en documentos jurídicos y dogmáticos. De todas formas, el latín no está muerto. Hay corrientes, tendencias, etc. Hay un latín clásico, un latín jurídico, un latín eclesiástico, etc. El latín está vivo; no mucho, pero está vivo.

Yo pienso que el latín fue adoptado por la Iglesia como lengua oficial por razones apostólicas, que es lo mismo que decir por una mejor comunicación. ¿Cuál era la lengua de moda en aquellos primeros siglos de cristianismo? ¿El latín? Pues se adopta el latín. En ese sentido, teniendo en cuenta que se trata de una disposición eclesiástica, y que por tanto, cabe la opinión, con independencia de que los cristianos debamos obedecer lo establecido por la Iglesia, pienso que en la Iglesia del siglo XXI se debería actuar como en la de los primeros siglos, con la misma frescura y libertad de espíritu y con el mismo ímpetu apostólico que debería llevarnos a ponernos en el lugar de quienes deseamos acercar a Jesucristo. ¿Qué idioma es hoy día el más difundido, el que está más de moda? ¿El inglés? ¿Cuál es el idioma mayoritariamente hablado hoy día por los cristianos? ¿El español?

Yo lo veo claro: Si de mi dependiera, yo haría cooficiales en la Iglesia el latín, el inglés y el español. El latín porque es una joya cultural e histórica que no conviene perder. El inglés porque es un vehículo de comunicación universal actualmente ante el que la Iglesia no debe permanecer al margen como no lo hizo ante el latín en los primeros siglos. Y el español porque es el idioma más hablado entre los cristianos además de segundo en difusión en todo el mundo.

A mi modo de ver, no se puede permitir en el ámbito de la Iglesia que la lengua sea motivo de separación en vez de comunicación, de unión, de apostolado. Las tradiciones están bien si sirven para algo, pero hay que desecharlas si son una rémora. Pienso que algo de esto está pasando.

Volver a la frescura de los orígenes no quiere decir volver a vivir exactamente como hace 16 ó 17 siglos, sino vivir con el espíritu de los orígenes pero en el siglo en que vivimos, esto es, en el XXI. El mensaje de Cristo no es el latín, es la santidad personal a la que todos estamos llamados. Y para llevar a cabo ese mensaje hay que poner en el siglo XXI los medios adecuados a nuestro tiempo. A mi modo de ver, esa Nueva Evangelización de la que empezó a hablar San Juan Pablo II en 1981 es muy articulada, pero una de las piezas por ajustar radica en la comunicación y en la agilidad de esta, y ya sabemos cual es la primera regla de la comunicación: no se trata de evaluar el mensaje emitido, sino el porcentaje de él que llega nítido al receptor